Es una de las tradiciones menos conocidas de cuantas se conservan en Ribagorza para conmemorar la Semana Santa y que preservan con celo los vecinos del núcleo de La Puebla de Fantova.
Cuando llegan estos días de Pasión, Muerte y Resurrección, la coqueta iglesia pueblense es engalanada y una de sus capillas preparada para acoger la instalación del “Monumento” conmemorativo del sufrimiento de Jesucristo. Un gran tapiz morado como telón de fondo enmarca el sencillo montaje en el que destacan las macetas que lo flanquean, ornando el conjunto.
Denominadas “Cabelleras de Cristo”, estas singulares y curiosas plantas son semillas de trigo y cebada sembradas en la segunda semana de Cuaresma, normalmente el viernes después del miércoles de ceniza y a ser posible en luna creciente, que han crecido en una bodega cálida, húmeda y sin iluminación para que adquieran su característica tonalidad rubia o muy aclarada.
Son unas plantas muy delicadas cuyo cuidado debe realizarse de forma muy medida en cuanto a la hidratación requerida o la temperatura adecuada porque en caso de no atinar con las proporciones justas se corre el riesgo de que se pudran y estropeen.
El secreto de su cultivo, afirman orgullosos los vecinos de este activo núcleo dependiente ahora del municipio de Graus, es una tradición «que nos hemos ido pasando generación tras generación» y singulariza su Semana Santa preservando una costumbre que antaño también se vivía en otras localidades cercanas.























