El Jefe de Servicio de Prevención y Protección del Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón, daba luz verde días atrás a la incoación del expediente para la declaración del Parque Cultural Vall de Benás, que será publicado en breve en el Boletín Oficial de Aragón y que supondrá el inicio del plazo de exposición pública por un período de dos meses de este ambicioso proyecto de promoción socio-cultural y turística que ha concitado un apoyo prácticamente unánime en todos los sectores de la Alta Ribagorza.
El Valle de Benasque aspira a convertirse en el séptimo Parque Cultural aragonés para potenciar y cohesionar un histórico territorio con innegables, y muy abundantes, elementos singulares en lo monumental, en lo antropológico y cultural o en lo geológico y paisajístico. Así lo solicitaban oficialmente los representantes del territorio con fecha de 18 de abril de 2017, fecha en que los alcaldes de los nueve municipios del Valle remitían una solicitud en este sentido al Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón demandando esta declaración y dando así el pistoletazo de salida a un proyecto en el que se lleva trabajando desde hace tiempo en la zona y que tiene como eje vertebrador la defensa y promoción del patués, la lengua vernácula de sus gentes.
Daniel Larramona, Enrique Barrau, José María Campo, Ignacio Espot, María Pilar Saludes, José Félix Demur, José Manuel Abad, Lourdes Ascaso y José Ignacio Abadías, alcaldes respectivamente de Seira, Chía, Villanova, Laspaúles, Bisaurri, Sesué, Castejón de Sos, Sahún y Benasque, personificaron entonces esta petición al suscribir un compromiso que plasmaba la unidad de intereses de un territorio en el que, a veces, es difícil llegar a este tipo de unanimidades. Eso es lo que hace especialmente atractivo a los ojos de los habitantes de la zona este proyecto que ha sido capaz de unificar criterios, limar posibles desacuerdos y plantear una estrategia de actuación conjunta y común siguiendo la estela que abrió en su día la Asociación Turística Empresarial valle de Benasque, ATEVB, impulsora original de esta iniciativa pero que cedió posteriormente el protagonismo a los alcaldes como representantes de los ciudadanos del valle.
La demanda a la que ahora se ha dado curso entiende que el territorio de la Alta Ribagorza se ajusta y encaja «perfectamente» con la definición que regula esta figura de protección en la que se sostiene que “un Parque Cultural está constituido por un territorio que contiene elementos relevantes del patrimonio cultural, integrados en un marco físico de valor paisajístico y/o ecológico singular, que gozará de promoción y protección global en su conjunto, con especiales medidas de protección para dichos elementos relevantes”.
En su demanda, los ediles recuerdan las especiales características de este territorio, considerado como zona de montaña, con un rico y muy variado patrimonio natural –que va mucho más allá del espacio pirenaico- y cultural, que atesora tradiciones más que centenarias y que tiene en su lengua vernácula, el patués, el «hilo conductor» de un conjunto territorial «que presenta una identidad propia», que ha sabido preservar sus tradiciones y costumbres, «y sobre todo su lengua» que, subrayan «tiene un alto grado de conservación gracias al secular aislamiento del valle y al cultivo de asociaciones y particulares, y, especialmente, de sus habitantes».
Los alcaldes ponderan las espectaculares cascadas, barrancos y numerosos lagos de montaña de origen glaciar «que constituyen los últimos vestigios de la impronta glaciar» y las formaciones geomorfológicas «espectaculares»; elementos unidos a un paisaje conformado por los aprovechamientos agrícolas y ganaderos en las poblaciones del entorno que, recuerdan, «motivaron su declaración como espacio natural protegido con el nombre de Parque Natural Posets-Maladeta, el cual ocupa el 74,7% de la superficie de Benasque y el 64% de Sahún y cuya zona periférica de protección alcanza el resto de la superficie municipal».
Abundan así mismo en la monumentalidad de los conjuntos urbanos de localidades como Benasque, Castejón de Sos, Anciles, Sahún, Eresué o Laspaúles con elementos arquitectónicos románicos, renacentistas o neoclásicos de innegable valor como argumento para la consideración de la zona como Parque Natural, una figura que, entienden «puede estimular el conocimiento del público, promoviendo la información y la difusión cultural y turística de los valores patrimoniales y el máximo desarrollo de actividades culturales, tanto autóctonas, como de iniciativa externa, así como desarrollar actividades pedagógicas sobre el patrimonio cultural con escolares, asociaciones y público en general, promoviendo también la investigación científica y la divulgación de sus resultados».
Los ediles abundan en que, además de la promoción turística y cultural que conllevará esta figura de protección, el Parque Cultural permitirá ahondar en otros aspectos, en especial los de protección patrimonial en los más diversos ámbitos, y que en este campo la herramienta del patués como elemento tanto diferenciador como cohesionador del territorio tiene una especial prevalencia.
Ahora mismo, en Aragón existen los Parques Culturales de San Juan de la Peña, Río Vero, Río Martín, Albarracín y Maestrazgo, cada uno de ellos con sus singularidades, a los que se sumó en abril de este año el del Chopo Cabecero en las riberas del Jiloca y del Alfambra y consiguió también esta declaración el espacio de Sierra Menera pero nunca se llegó a poner en funcionamiento. El Valle de Benasque se sumará en breve a esta selecta lista de algunos de los entornos más singulares de la geografía aragonesa.
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