El sector de la hostelería en Ribagorza vivió una auténtica sensación de ducha escocesa en el pasado mes de julio

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Pese a que salvo algún caso aislado Ribagorza ha escapado, al menos de momento, de los rebrotes de coronavirus de otras comarcas aragonesas, la sensación de miedo y prevención que ha afectado al turismo con destino a nuestra comunidad también se ha dejado sentir en el extremo nororiental de Aragón, donde las perspectivas de ocupación hotelera y de movimiento de visitantes eran muy halagüeñas a comienzos de julio pero que se han visto trastocadas por culpa de la pandemia.
Uno de los decanos de la hostelería española, el grausino Hotel Lleida, abría sus puertas a comienzos del pasado mes, en un momento en que parecía que la actividad económica y turística renacía tras el confinamiento. No obstante, las noticias de los positivos en las comarcas vecinas de La Litera, Cinca Medio y Bajo Cinca y en el cercano Segriá han supuesto un duro mazazo para la recuperación de la normalidad. «Vamos despacio; se nota mucho que este año con todo lo que está pasando el sector está frenado y más con la sobreexposición mediática que estamos sufriendo los aragoneses sin distinción por culpa de los rebrotes, lo que hace que parezca que estamos en junio más que en julio», comentaba a finales de mes Daniel Lleida, el director del establecimiento, recalcando que esta situación se estaba viviendo en la parte baja de la comarca con especial intensidad durante los fines de semana ya que –apuntaba- «entre semana hay gente trabajando y moviéndose por la zona, pero los clientes de fin de semana están a niveles de los que tenemos en los meses fuera de temporada invernal o veraniega».
Una situación que corrobora María Franco, propietaria de turismo rural en la zona más oriental de la comarca. «Estamos moviéndonos con mucha cancelación y mucha reserva de última hora, pero, y eso lo he hablado con otros compañeros, trabajando en porcentajes de ocupación de menos del veinticinco por cien cuando hace unas semanas lo teníamos prácticamente lleno», señala. Así mismo, comenta que, «si la presión del coronavirus desciende y nos da una tregua», la temporada como tal va a empezar este año el 2 de agosto; en su caso con mayoría de visitantes procedentes de Cataluña «toda vez que el turismo oscense y zaragozano se ha desinflado con la situación que se vive en ambas capitales» y, tímidamente, con un turismo francés procedente del sur del país vecino. No obstante, las últimas noticias del gobierno de Aragón y su intención de limitar en todo el territorio aragonés los horarios de ocio nocturno y de servicios hosteleros pueden dar al traste con este repunte de la actividad turística que se ha hecho más que evidente durante los primeros días de agosto.
Esos turistas extranjeros que señalaba María Franco son los que están echando de menos en la Oficina de Turismo de Graus donde su responsable, José Manuel Betato, comenta que el número de usuarios ha cambiado de una forma radical en cuanto a cantidad y procedencia entre la primera y la segunda quincena de este mes de julio que «había empezado muy bien, con gente procedente sobre todo de Huesca y Zaragoza y que se ha frenado después de los rebrotes». Ahora, los principales demandantes de información proceden de Cataluña «aunque las cifras no son las del año pasado ya que estarán como mucho en un sesenta por ciento de los visitantes de procedencia nacional y son prácticamente nulos los extranjeros que otros años llegan a ser más de un veinte por ciento de nuestros usuarios».
La situación «de auténtico infarto», con cancelaciones, reservas de última hora y vaivenes infinitos al socaire de la evolución de la crisis del coronavirus en Aragón y su reflejo mediático en unas noticias bastante ayunas de matices, se reproduce también en la Alta Ribagorza. Desde la Asociación Turística Empresarial Valle de Benasque, su gerente, Eva Bizarro, reconoce que cada noticia sobre los rebrotes en nuestra comunidad supone un auténtico «varapalo» para un sector que empezaba muy esperanzado este mes de julio, con excelentes niveles de ocupación y reservas, y que tiene que hacer esfuerzos ímprobos para mantener la fidelidad de sus clientes con la satisfacción, eso sí, de comprobar cómo aprovechan al máximo «con tranquilidad y relajación» su estancia en el Valle.
La Atevb no tiene todavía datos oficiales con respecto a los niveles de ocupación en este mes de julio -«nos empezarán a llegar este comienzo de mes y podremos tenerlos computados en unos días», comentan en sus oficinas-, pero a nadie escapa que no se van a cumplir las previsiones de comienzos de mes y que se va a constatar una mayor ocupación porcentual de cámpines, viviendas de turismo rural y, obviamente, segundas residencias que de plazas hoteleras.
No obstante, Bizarro reconoce que el sector está trabajando «bastante, muy en la línea de otros veranos, con buenos niveles de ocupación» y que se ha notado una tendencia a alargar las estancias, algo que espera que se mantenga en este agosto que ahora comienza aunque, ante la situación tan cambiante que estamos viviendo desde que estalló la pandemia, ni ella ni los hoteleros se atreven a hacer ningún tipo de previsión para estos próximos días.

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