Fusión franco japonesa en Linás de Broto

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La japonesa residente en París, Maïa Barouh, y el acordeonista francés Fixi, conquistaron el corazón artístico del público reunido en los jardines de la iglesia de San Miguel de Linás de Broto. La fusión de la música ancestral japonesa y el clásico acordeón francés deslumbró ayer en el primer concierto de la gira del SoNna Huesca por la Comarca de Sobrarbe. El ciclo continúa hoy en Broto con la presencia de Maruja Limón en los Llanos de Planduviar de Broto (19.30h) y cierra el fin de semana el concierto matinal (12.00h) de Gregotechno en Pineta (Bielsa).

Hija del autor, compositor e intérprete francés Pierre Barouh (autor de temas históricos como La biciclette, que cantó Yves Montand) y de la artista japonesa Atsuko Ushioda, Maïa, nacida en Tokio en 1983, pasó su infancia entre los dos países de sus padres y eso ha marcado su irrupción y evolución artística, tal y como se pudo ver ayer en la iglesia de San Miguel de Linás de Broto. Llegó a la música de manera muy precoz y eligió la flauta travesera, un instrumento quizás a medio camino entre esos dos mundos, para convertirse rápidamente en una virtuosa. Sus primeros éxitos fueron en Japón porque hasta 2014 era una desconocida en Europa.

Para el público del SoNna Huesca, que ayer una vez más llenó el aforo previsto, Maïa Barouh era también una auténtica desconocida. Pero esa sensación duró muy poco. Comenzó su concierto saliendo de entre el público con un pandero y en seguida conectó con él gracias a su saber estar escénico y a su simpatía natural. Acompañada de otro virtuoso, en este caso del acordeón diatónico, como Fixi, juntos caminaron sobre el alambre musical que supone la fusión entre la tradición musical japonesa y el jazz o la música clásica europea.

La japonesa residente en París repasó su último álbum, Aïda, y cantó en francés y japonés, además de dejar delicados paisajes sonoros con su flauta. La simbiosis con el acordeón  (tan francés, tan marsellés, tan europeo…) fue total y así lo entendió el público, que aplaudió a rabiar todas y cada una de sus entregas. 

En una tarde apacible y de aire limpio, aunque con alguna nube amenazadora, el concierto fue una delicia tanto por el quién, como por el cómo y el dónde. Bajo las moles de Tendeñera y Otal, el aire trajo notas del otro lado de las montañas y voces y arreglos exóticos que lograron enganchar al público.

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