En una muy interesante charla que formaba parte del ciclo de actividades de las Jornadas Culturales organizada por la Asociación de Amigos de La Peña, el arqueólogo e historiador Francisco Javier García acercó este miércoles a los grausinos la historia del monasterio de Nuestra Señora de Linares, un histórico cenobio ahora en ruinas situado a escasos centenares de metros del caserío urbano de Benabarre, que tuvo un especial protagonismo en la historia del condado y cuya situación física, avatares e importancia es hoy en día muy desconocida para buena parte de los ribagorzanos e, incluso, para muchos benabarrenses.
Ante la nutrida asistencia que se dio cita en el grausino Espacio Pirineos, García habló sobre los orígenes de este monasterio dominico cuyo documento de fundación data de 1413 pero que, según la documentación que maneja el conferenciante, pudo tener unos posibles orígenes visigóticos hacia el siglo VII –tesis que sostiene Moner pero sobre la que García guarda bastante prevención- y una más que probable existencia entre mediados del siglo XII y mediados del XIV como monasterio premostratense.
Tuvo una agitada e intensa vida desde entonces, con patronazgos y apoyos como los de María de Jonqueres y su hijo Juan de Aragón y de la familia ducal de Villahermosa, hasta comienzos del siglo XIX en que fue desamortizado y entró en un proceso irreversible de ruina, primero de su monumental iglesia y luego de la estructura palaciega del convento propiamente dicha que, ya muy arruinada, todavía se conservaba en 1991.
Hoy, los restos de este conjunto -cuya existencia García vincula a una de las rutas jacobeas que atraviesa el territorio desde el pirineo y a la introducción de la devoción a San Medardo- todavía pueden contemplarse junto al camino que le dio vida y alentó su existencia como testigo de un monumento demasiado desconocido y, por ello, escasamente apreciado ya que, como apuntó el conferenciante, «lo que no se conoce, difícilmente se puede proteger».























