La Feria de Santa Lucía llena de animación las calles de Graus.

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Aún con muchas prevenciones que doce meses atrás se hubieran creído imposibles, este día de Santa Lucía se notaba en el ambiente de Graus un aire festivo que desafiaba miedos pandémicos en la recuperación, tras un año de ausencia, de la tradicional feria de la santa titular de la jornada que cierra desde hace más de trescientos años el calendario ferial ribagorzano.
En una fría pero agradable jornada en lo climático, y con una sensible disminución de puestos feriales sobre lo que era habitual antes del brote del malhadado coronavirus, centenares de personas procedentes de las localidades próximas compartieron con los grausinos esta jornada ferial y festiva que ha servido históricamente para estrechar los lazos vecinales y compartir con los amigos un día de asueto y compras antes de que –como ocurría hasta hace no mucho- lo más crudo del invierno llegue a dificultar las comunicaciones o, con las actuales pautas económicas, las obligaciones derivadas -sobre todo- de la atención al sector turístico invernal no permitan en los próximos meses mucha vida social en la zona.
En la edición de su recuperación tras las traumáticas olas del coronavirus y su brutal incidencia sobre la vida cotidiana, cuarenta y cuatro puestos feriales ofrecían este lunes su habitual mercadería de ropa, calzado, menaje del hogar, aperos, maquinarias diversas, objetos de artesanía, juguetes, flores y plantas y comestibles y volvían a convertir a la feria grausina en un punto de encuentro de gentes de toda la comarca en un día de reencuentros, abrazos y conversaciones distendidas.
La fidelidad de los ribagorzanos a esta feria de Santa Lucía tiene algunas explicaciones más allá del tema de la preservación de una tradición secular: el certamen anuncia la inminencia de las fiestas navideñas y, ya entrada la tercera década del siglo XXI, mantiene vivas las características que animaron su creación en el XVII. La feria de Santa Lucía sigue siendo todavía hoy cita obligada para los habitantes de prácticamente todos los rincones de Ribagorza que ven en este certamen un jornada ideal para que puedan juntarse los parientes y amigos y compartir –aún embozados este año con las socorridas mascarillas obligatorias en estos momentos de zozobra- todos juntos unas horas con el gozo del reencuentro antes de que las condiciones climáticas hagan más dificultoso el trayecto por las carreteras de la zona mientras se realizan esas compras de última hora bien en los puestos que jalonan las calles de Graus, bien en las numerosas y bien surtidas tiendas grausinas.

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