Después de varios intensos días con numerosos actos prefestivos, las fiestas patronales de Graus arrancaban esta mañana con gran brillantez y una animación que no ha estado opacada por caer este año su celebración entre semana y en unas jornadas laborables.
Un cuarto de hora antes del mediodía, el trabucazo desde el balcón de la Casa Consistorial ante un numeroso y bullanguero público -mayoritariamente joven- y el inmediatamente posterior disparo de cohetes y baldeo de campanas oficializaba definitivamente el inicio de estos festejos celebrados en honor al Santo Cristo y a San Vicente Ferrer que están marcados por la preservación de unas tradiciones seculares omnipresentes durante estos días en el programa festivo.
La tradición, que es el armazón que vertebra y justifica el desarrollo de los festejos, marca que las fiestas comiencen indefectiblemente a las doce del día doce con el inicio de la cabalgata de carrozas y su comparsa de gigantes, cabezudos, caballez y furtaperas y los festejos de este año no se escaparon de la norma pese a que, como ocurre siempre, desde hace ya bastantes días Graus vive inmerso en un intenso programa festivo.
Las calles grausinas acogían el estallido de color y de imaginación de las carrozas, muchas de ellas espectaculares, y sus ocupantes. Ha sido también la primera aparición festiva de los cabezudos, con un especial protagonismo en estos festejos por su eterna pugna con los más jóvenes, y con otros muchos no tan jóvenes, plagada de carreras, sustos y risas.
En suma, un excelente preámbulo para unos días tan intensos como inolvidables en estas fiestas que siempre dejan huella.























