El pasado mes de diciembre cuarenta representantes políticos y empresariales de la zona limítrofe entre las comunidades de Aragón y Cataluña escenificaban en Lérida la creación de un frente común para reivindicar ante el Ministerio de Fomento la necesidad de mejorar urgentemente el estado de la carretera N-230, una carretera de 180 kilómetros entre la propia Lérida y la frontera francesa por el Valle de Arán (100 de ellos por la provincia de Huesca) que es una de las vías más peligrosas de España y que encabeza en los últimos años la siniestralidad viaria en el Alto Aragón.
Esa peligrosidad ha vuelto a quedar patente este 2017, en que se han sucedido los accidentes durante todo el año dejando un más que preocupante saldo de muertos (cuatro de ellos desde abril en los tramos aragoneses) y heridos y confirmando todas las alarmas denunciadas con anterioridad.
Puente de Montañana era escenario el pasado lunes del, por ahora, último accidente con víctima mortal. Y aunque parece que el siniestro tuvo más que ver en esta ocasión con la fatalidad que con el estado de la carretera (el coche accidentado se salió de la vía en un tramo recto yendo a colisionar frontalmente con una alcantarilla de hormigón), no por eso ha dejado de provocar una auténtica conmoción en una zona que reclama actuaciones que mejoren las condiciones de circulación de una vía con una alta densidad de tráfico.
Un aspecto en el que insiste el alcalde de Bonansa y vicepresidente segundo de la Comarca de La Ribagorza, Marcel Iglesias, recalcando que la N-230 necesita «unas reformas imperiosas» ya que se trata del paso por el Pirineo central que más tráfico soporta -«y –apunta- en buena medida pesado». Es consciente de que el hecho de que la carretera discurra por dos comunidades autónomas y en varios de sus tramos vaya cruzando de una a otra «puede hacer que la reivindicación de su mejora no se realice con suficiente intensidad». Y también que el proyecto de su desdoblamiento y conversión en autovía desde Lérida hasta Benabarre o Sopeira, paralizado por la crisis económica, hipoteca –al menos desde el punto de vista del Ministerio de Fomento- cualquier actuación de mejora puntual. «A pesar de ello –insiste- es imprescindible que se actúe urgentemente en los tramos y travesías más complicadas porque es inasumible bajo cualquier concepto el goteo de víctimas que estamos sufriendo».
En parecidos términos se expresa la teniente de alcalde de Benabarre, Yolanda Castelló, que estuvo en Lérida en diciembre representando a su consistorio y que recuerda que uno de los acuerdos alcanzados fue el de mantener la reivindicación sobre la imperiosa mejora del actual trazado de la N-230 «pase lo que pase con el proyecto de la autovía». «Hay que realizar actuaciones lo más urgentemente posible para hacer la carretera lo más segura posible», entiende señalando que las reivindicaciones de los pueblos afectados pasan por la eliminación de puntos negros, la mejora de la seguridad en las travesías urbanas, la colocación de nueva señalización o la habilitación de un tercer carril en varios de los tramos más conflictivos. Castelló piensa que es momento de relanzar la reclamación.
Uno de los términos municipales donde más frecuentes son los accidentes es el de Sopeira cuyo alcalde, José María Ariño, se ha significado desde hace muchos años en la reclamación de actuaciones de mejora en la carretera y ha conseguido resultados, como la adecuación de los accesos a su pueblo, que han minimizado un tanto la incidencia de la siniestralidad. «Lo hemos dicho toda la vida; es una carretera peligrosísima ya que pasa mucho transporte pesado y no está pensada para ello», afirma un tanto desanimado por la falta de actuaciones globales en la vía y los proyectos de adecuación que nunca se ejecutan por las más variadas razones y excusas.
El alcalde de Puente de Montañana, Javier Bergua, aún reconociendo la peligrosidad de la carretera y la necesidad de mejorar los puntos negros, rompe un tanto la unanimidad anterior apuntando que el accidente del pasado lunes no es achacable al estado de la carretera y que no justifica el proyecto de construir una autovía hasta Sopeira que él entiende como «demoledora» para el territorio. «Hemos estado cuatro días, los del puente, con un volumen de tráfico increíble y no ha pasado nada y el lunes, con la carretera casi vacía, un señor se sale en una recta y tiene la desgracia de chocar contra un bloque de hormigón», comenta el edil subrayando que, en el tramo que pasa por su término municipal, la N-230 no es peligrosa y está bien atendida y que una autovía que la sustituyera «acabaría de destrozar la economía comarcal, daría un golpe terminal al incipiente sector turístico e incrementaría, además, el volumen de circulación de vehículos pesados por la zona».
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