No por repetida la imagen ha perdido su capacidad de evocación, resultando este año todavía más atractiva como un anuncio de una recuperación paulatina de la cotidianeidad tras el largo período de confinamiento motivado por la crisis del coronavirus.
Recuperando una tradición cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, estos últimos días de junio los ganados del Valle de Benasque comienzan a abandonar los establos donde han permanecido los meses de invierno y primavera y remontan por las sendas que les conducen a los pastos veraniegos. Procedentes de localidades como Anciles, Sesué, Eriste, Benasque o Campo, los ganados iniciaban a principios de esta semana el camino hacia los pastos de montaña para una estancia que se prolongará hasta comienzos de octubre cuando la caída de las primeras nieves les obligue a volver a sus establos habituales no sin antes pasar –si la crisis sanitaria lo permite entonces- por la tradicional feria ganadera del Pilar de Benasque.
Unas mil cien cabezas de ganado vacuno, vacas y sus terneras en su inmensa mayoría de la raza parda alpina que se ha aclimatado excelentemente en la zona, han subido este año a los montes y han comenzado su estancia en los prados del Valle de Estós donde permanecerán hasta finales de julio. Desde allí marcharán luego a la zona de Ardonés, en cuyos prados se alimentarán durante un mes antes de volver nuevamente al Valle de Estós para pasar el último tramo del verano. Otros rebaños similares en número están empezando a acceder a la zona de los Llanos del Hospital para subir luego hacia el Plan de Están, la zona de Paderna y La Renclusa y el Coll de Toro hasta el límite con el valle de Arán en el puerto de La Picada.
En breve comenzarán a subir también las ovejas y se espera que sean en torno a las seis mil las que lo hagan esta temporada para aprovechar los pastos de montaña del Valle de Benasque. Este año se están encontrando con unos excelentes pastos, con abundante hierba gracias a las intensas lluvias de la primavera.
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