Tras un año de ausencia, vuelve este sábado a Benabarre el “Ball dels Salvatges”, una singular representación de origen tardo medieval que se representó en la villa ribagorzana hasta el primer tercio del pasado siglo XX, que fue recuperado en 2007 y que en 2010 tomó su actual un carácter bienal.
Casi dos centenares de vecinos de la localidad se han implicado una vez más con este complejo montaje escénico. Más de cien lo hacen como actores de un drama ritualizado en forma de complejas danzas y movimientos de los intérpretes que supone una metáfora sobre el amor cortes, el instinto y la lujuria. Esquematizando mucho lo que se plasma durante la representación, podríamos decir que se pretende hacer llegar a los espectadores la idea de que el amor no es una ciencia exacta, y la fusión de las distintas formas de amar –la cortés y caballeresca, la mundana y la visceral- son causa del amor eterno.
La rivalidad entre amor cortés y lujuria o la armonía y el caos son algunos de los asuntos que se ponen en escena en esta compleja representación. Están simbolizados en buena medida por el personaje del salvaje, ya utilizado en los clásicos de la literatura y muy presente en toda Europa en el renacimiento.
Eso es lo que se pretende escenificar en este “Ball” con sus danzas y requiebros las damas, caballeros, cazadores y los propios salvajes que van ocupando la escena en esta representación en la que también hay espacio para la celebración de un juicio en el que los “salvatges” recuperan temas de la actualidad local, nacional e internacional.
La puesta en escena este año del “Ball dels salvatges” está prevista a partir de las 19,30. Pero ya por la mañana Benabarre se emparará de ambiente salvaje con la celebración de una espectacular gymkana por las calles de la localidad.
Mariano Lasheras, director artístico del montaje, señala que, en su actual escenificación, el “Ball” es único en el continente europeo ya que sólo en Benabarre se respeta la tradición con toda su complejidad profundizando más allá de la caracterización de los personajes que se conserva en otros lugares que mantienen vivo el espíritu salvaje.
La localidad ribagorzana ha conseguido así reverdecer esta representación que fue muy popular en toda Europa desde el siglo XIV y que, con distintos matices, aún se conserva en algunas zonas alpinas de Suiza y Alemania y en la localidad española de Béjar.























