Maurice Gourdon: Un encuentro sorprendente en el puerto de la Picada

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Lo investiga el historiador benasqués Antonio Merino y lo difunde el incansable Jorge Mayoral en su impagable blog de la Fundación de los Llanos del Hospital en el que recopila la más variada información histórica, etnológica, antropológica, geográfica, geológica o social sobre la Alta Ribagorza y su entorno.

Es una de las historias en torno a Maurice Gourdon, uno de los grandes pirineistas franceses del siglo XIX que estuvo especialmente vinculado al valle de Luchón y, por extensión, al vecino valle de Benasque. En el texto que recogemos a continuación, Gourdon narra para el “Bulletin de la Société Ramond” una historia que le ocurrió en el puerto de La Picada y que ha sido transcrita por Merino para disfrute de los amantes de la montaña de hogaño.

 

Interpretación de Antonio Merino del texto original de Maurice Gourdon       

 

Corría el mes de junio de 1896, cuando salimos de Luchón el  guía B. Courrège y yo, con ánimo de ascender a la Tuca de Bargas (2.628 m).  El tiempo era húmedo y lluvioso, y todavía quedaban abundantes nieves y grandes placas de hielo, tanto en el puerto de la Picada, (2.430 m.) como en la propia tuca, subimos sin problemas e hicimos cima, cumplido el objeto de la excursión, iniciamos en descenso con un sol abrasador que derretía la nieve, lo que hacía que nos hundiéramos en ella hasta las rodilla.

Cuando retornábamos, vimos como por el Puerto subían, con gran padecimiento, una familia de gitanos, su asno se había quedado empantanado en un hoyo lleno de nieve, tiraban de él mediante las cinchas, con gran esfuerzo y grandes gritos y de vez en cuando algún que otro palo; acudimos prestos en su auxilio y les ayudamos a salir de tan embarazosa situación.

Ya más relajados y descansados contemple con detenimiento el grupo. El cuadro que se nos ofrecía era realmente pintoresco: el padre era un autentico bohemio, la madre preparaba el puchero y los chiquillos mordisqueaban sendas cebolla crudas, todo ello ambiente de total naturalidad y despreocupación.

Si curiosos eran los personajes, su historia, su aventura era infinitamente más interesante, venían de Alicante y Elche donde habían asistido al casamiento de dos de sus hijas, y ahora se iban a Francia, ¡¡ habían cruzado media España!! desde los naranjales y palmerales levantinos hasta las nieves de los Pirineos, en dos meses y medio, en cortas etapas viviendo de la caridad pública y de la venta de cestos de mimbre, material del que llevaban un gran haz. Por fin llegaron a Benasque, pernoctaron en los Llanos del Hospital y en seis horas estaban en el puerto, donde los encontramos.

Finalmente el tiempo es el tiempo -regresábamos a Luchón- y les pedí que me dejaran retratarlos, cosa que aceptaron, después repartimos unas monedas a los críos, les dimos el resto de nuestras provisiones y les indicamos el camino a seguir para alcanzar el Hospice de France.

Para el recuerdo queda la impresionante estampa que ofrecían, sus rostros morenos, entre los peñascos y la nieve, iluminados por el sol, en medio de estas espectaculares montañas.

 

Interpretación libre del texto de Maurice Gourdon, “Explorations Pyrénéenes en 1896” en Bulletin de la Société Ramond. Toulouse, 1897. Págs. 24,25 y 26.

Desde los Llanos del Hospital

Antonio Merino Mora

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