Pilar Enjuanes presentó este jueves en Graus su cuarta novela, Entre luces y sombras.

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La escritora ribagorzana Pilar Enjuanes presentó este jueves en el Espacio Pirineos grausino su cuarta novela Entre luces y sombras. Aunque residente en Zaragoza, esta polifacética autora, poseedora de una personalidad arrolladora y un innegable encanto, sigue estrechamente vinculada con Ribagorza por motivos personales, familiares y por querencia propia y de su marid. Dedicada profesionalmente a la enseñanza, desarrolló su labor docente en diversos pueblos de la provincia de Huesca y, durante los últimos 23 años de su andadura profesional, en Zaragoza. En su vida docente ejerció los cargos de Jefe de Estudios y Directora de Centros Públicos y esta trayectoria fue reconocida en el año 2005, cuando fue galardonada con la Cruz de San José de Calasanz por el Gobierno de Aragón.
Finalizada su andadura laboral, Pilar es una de esas jubiladas que no saben estarse quietas y actualmente dedica su tiempo al voluntariado de Cruz Roja y a la escritura, faceta esta última en la que anda de la mano –enriquecedora en ambos sentidos- de la editorial Certeza y que fue la que le trajo de nuevo a Graus donde ya había presentado con anterioridad sus tres obras anteriores -Mirando al río (2011), Cartas del día después (2013), Al doblar la esquina (2015)-, una suerte de trilogía que se puede leer de forma individualizada pero que adquiere pleno sentido en su disfrute global. Una trilogía que, en forma de novela río, sigue los avatares de los protagonistas a lo largo de varias generaciones y que le sirve también a la autora para reflexionar sobre la pérdida de los valores del mundo rural y la fortísima emigración de este entorno que se empieza a hacer más que evidente a lo largo de la década de los cincuenta del pasado siglo y que a día de hoy ha dejado exhaustos y con escasas perspectivas de futuro a los que todavía resisten en eso que eufemísticamente se ha dado en llamar la España interior o la España vacía. Tan protagonista como los personajes en sus obra lo eran los paisajes en que habitaban y entre ellos, los de Ribagorza y Monegros que para Pilar han tenido siempre un especial valor sentimental y simbólico.
Pilar llegaba este jueves a Graus trayendo bajo el brazo su última novela, esta Entre luces y sombras, que es formalmente más ambiciosa que las anteriores y más libre y desprejuiciada en su estilo y en su flujo narrativo. Una novela con un cierto toque gamberro como el que tenían los mejores folletines y folletones decimonónicos de los que esta novela es heredera directa y en cuyo proceso creativo la autora –se nota en la lectura de la obra- se lo ha pasado en grande, lo que se trasmite al lector.
El argumento de Entre luces y sombras se esboza en la contraportada del libro. La protagonista, Martina, ilusionada por la próspera situación que uno de sus hermanos ha conseguido en España, animada y apoyada por éste, decide dejar atrás su vida en Brasil. Es una mujer joven que viaja acompañada de sus dos hijas, Paula y Susana, niñas de pocos años. Llega a Zaragoza ciudad que le atrae y agrada y en la que las circunstancias la llevan por derroteros nunca imaginados. Los variados personajes que se cruzan en su camino, en los que ve, observa y encuentra desde la bondad extrema a una maldad no esperada, hacen que viva una vida llena de sobresaltos, penas, alegrías y situaciones inesperadas. A través de esos personajes tiene ocasión de conocer las luces, las sombras y las contradicciones de la Naturaleza humana. El camino de su vida recorrido entre luces y sombras es un intrigante y apasionante periplo en el tiempo y en el espacio, de Brasil a Zaragoza y al Pirineo.
Lo dicho, los ingredientes del folletín clásico plasmados en esta novela con indiscutible pulso narrativo que se adentra en unos paisajes que hasta ahora la autora no había recorrido sino tangencialmente. En esta su cuarta obra publicada hay una voluntad de acción desde la primera página, con un ritmo trepidante que no decae durante toda el libro y que la emparenta directamente con ese estilo folletinesco que, cuando está bien escrito como es el caso, absorbe la atención del lector y le impulsa a devorar el volumen y lamentar la llegada a la última página.
Es, por otra parte, una novela de las llamadas corales con el protagonismo indiscutible de Martina pero con un elenco de secundarios que hacen creíble lo que se nos está contando. Yendo un poco más allá de lo ya comentado pero sin ánimo de destriparla, la historia arranca con un rapto, sigue con una infidelidad, habla del trágico fallecimiento de una de las hijas de la protagonista que, nos enteramos también en las primeras páginas, rompió de forma abrupta y traumática años atrás con su hermano por motivos que se intuyen desde el primer momento como sórdidos. Y hay mucho más que se nos va desvelando mientras avanzamos en la lectura de una historia ambientada antes de ayer, en 2016, pero en la que un extenso flash back la hace retroceder diez años y nos ayuda a contextualizar una trama por momentos -bastantes, todo hay que decirlo- sórdida, pero también trufada de generosidad y altruismo, en la que andan enfrascados unos personajes en conflicto permanente a la búsqueda de una posible redención personal.
Comentábamos antes que las tres primeras novelas de Pilar conforman una trilogía y que esta cuarta se desvincula de ellas. Lo cual es cierto, pero solo en parte ya que la narración y algunos de los personajes de ésta nos remiten a varios de los protagonistas de aquellas, como protagonismo sigue teniendo Ribagorza y, en especial, ese Benabarre cuyos monumentos, fiestas y gentes se recrean en la narración de Entre luces y sombras haciendo aparecer, además, algunos personajes reales fácilmente reconocibles.

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