Positiva despedida a una extraña campaña de trufas

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El mercado de la trufa fresca de Graus cerró sus puertas el pasado sábado poniendo así, prácticamente, punto y final a una complicada campaña trufera marcada por la extrema sequía de su inicio y por una progresiva adecuación de las condiciones climáticas que se ha traducido en una evidente mejoría de las cantidades y calidades del producto en el segundo tramo de esta temporada en la que los precios de la venta al detalle se han movido entre los 700 y los 800 euros el kilo. La presencia de la trufa y los truferos altoaragoneses este fin de semana en el Primer Congreso del Producto y la Gastronomía de los Pirineos cerrará definitivamente la temporada 2016-2017.
«Independientemente de las complicaciones, lo que se ha confirmado es el cada vez mayor interés que despierta el mundo de la trufa; algo que hemos constatado en el mercado de la trufa fresca con un notable incremento de visitantes y compradores», señala el presidente de la Asociación de Truficultores de Aragón, José Vicente Girón, quien -a título anecdótico- comenta que, con el incremento de ventas que se ha producido especialmente a partir de enero, se han agotado los saquitos de yute en los que se suelen entregar las trufas «y ha sido necesario solicitar una nueva remesa deprisa y corriendo para poder acabar la temporada». Ello ha coincidido con el cada vez mayor conocimiento que muestran los consumidores «que saben los momentos de maduración y sazón del producto y actúan en consecuencia».
Girón reconoce que la presente temporada ha concluido «mucho mejor que la anterior» y de lo que se preveía el pasado mes de noviembre. «Con las lluvias y fríos de diciembre y enero ha habido más producción de la que se esperaba al principio pero está claro que sin las plantaciones habríamos debido poner el cartel de “No hay trufas” porque no ha salido a la venta nada de trufa silvestre», abunda este veterano trufero.
Por ello recalca la «enorme» importancia que ha adquirido para el sector la trufa cultivada y la necesidad de seguir apostando por ella ante la sobreexplotación y aleatoriedad en cuanto a su aparición de una trufa natural que, además, sufre el acoso de una superpoblación de jabalíes que también la consideran un manjar. E insiste en la necesidad de contar con un buen regadío en las plantaciones de truficultura para garantizar en el futuro las cosechas máxime cuando –explica- el incremento de temperaturas medias que se está viviendo en los últimos años «es muy negativo para el desarrollo de la trufa».
La producción trufera altoaragonesa tiene vocación viajera. Tradicionalmente Francia, y luego también Italia, eran los lugares de destino de hasta el 95 por ciento de la cosecha anual pero, como recuerda Girón, en los últimos años se han ido abriendo y consolidando mercados en países como China, Japón, Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Emiratos Árabes o Arabia Saudí. Y también se ha multiplicado el interés en el mercado nacional donde se está quedando ya entre el 15 y el 20 por ciento de la trufa recogida ante la popularización de un producto cada vez más frecuente en las cocinas particulares de nuestro país.

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