Roda aguarda con esperanza la devolución de los bienes religiosos

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El recordado mosen José María Lemiñana, durante muchos años párroco de Roda de Isábena, fue uno de los principales “culpables” de la toma de conciencia de la necesidad de adecuar los límites religiosos a los políticos que, tras varios años de movilizaciones, reivindicaciones y negociaciones al más alto nivel, se tradujo en la incorporación en 1995 de las parroquias del Aragón Oriental a la que desde entonces se ha conocido como diócesis de Barbastro-Monzón.
Fallecido en noviembre de 2009, se quedó sin ver cumplidos dos de sus deseos más fervientes; el retorno de los bienes religiosos de esas parroquias y la puesta en marcha de un espacio museístico en el conjunto catedralicio rotense que, pensaba, podría albergar sin desodoro muchas de las piezas artísticas que ahora se encuentran expuestas en las naves de la antigua catedral de San Vicente y que acogiera una parte de esos bienes –especialmente los procedentes de Ribagorza- que difícilmente pueden tener cabida en la exposición permanente del Museo Diocesano barbastrense.
Sin su empuje, su dedicación y su capacidad de aunar voluntades, el proyecto del museo –que iba a llevar el nombre de Manuel Iglesias en recuerdo de quien fuera uno de los más activos divulgadores de la riqueza artística del Alto Aragón Oriental- languidece de un modo desesperante para los habitantes de la zona. Por eso, el –esperemos- ansiado regreso desde su exilio ilerdense, “antes del día 15” según sentencia judicial firme, de las 111 piezas de las que se ha demostrado fehacientemente su pertenencia a las parroquias aragonesas abre en Roda una puerta a la esperanza para la reactivación del proyecto del museo rotense. Así lo espera, por ejemplo, mosen Aurelio Ricou, el actual párroco que ha sabido recoger sin desdoro el testigo que dejó José María Lemiñana, quien entiende que «el regreso de estos bienes puede actuar como un acicate en la recuperación del interés colectivo por la riqueza patrimonial del obispado e, indirectamente, puede favorecer la agilización del proyecto del Museo “Manuel Iglesias”», lo que redundaría en la recuperación para su función eminentemente religiosa del templo y conseguiría dar un acomodo digno a la riqueza artística que todavía atesora la catedral pese a saqueos y expolios varios a lo largo de su historia.
Mosen Aurelio apunta que de las 111 piezas reconocidas como de propiedad de las parroquias aragonesas, 25 proceden de Roda de Isábena. «Yo pensaba que eran 27, pero al final hemos comprobado que eran dos menos, pero de todas formas quien mejor conocía el tema era José María Lemiñana, quien hubiera podido hacer mención a otras muchas piezas que salieron de aquí hacia Lérida pero de las que no se ha podido demostrar su origen», comenta.
Entre las piezas procedentes de Roda que sí van a volver hay varias dalmáticas, casullas y estolas -«las piezas más interesantes y valiosas artísticamente hablando ya que algunas están catalogadas como Bien de Interés Cultural»- y piezas de platería y candelabros de no poco mérito. «Pienso –reflexiona el mosen- que de la misma manera que el obispo Messeguer se llevó cosas de algunas iglesias que estaban a punto de arruinarse, las que sacaron de aquí, de Roda, se las llevaron sin necesidad, sin justificación, sabiendo que eran cosas valiosas».
No andaba muy desencaminado José María Lemiñana cuando se maliciaba que muchas de las obras procedentes de la zona oriental aragonesa nunca regresarían a casa. La doctora en Historia María José Navarro Bometón recuerda en su artículo “Los bienes de las parroquias altoaragonesas en el Museo de Lérida: de sentencias e intenciones” que es imposible saber en la actualidad qué número total de piezas procedentes de las parroquias aragonesas se encuentran depositadas en el Museo ilerdense ya que, explica, aunque en el Boletín Oficial del Obispado de Lérida se registró la entrada de las piezas en el Museo desde 1895 a 1905, «pocas veces esta anotación se hacía de una manera clara y la lectura de sus páginas lleva a la confusión». El conservador del Museo Diocesano ilerdense entre 1916 y 1925, Joan Fusté i Vila, llega a decir que «…En ningún museo, posiblemente, sea tan difícil la catalogación como en el de Lérida. Descuidada con toda la deliberación, aunque con un fin plausible, la anotación de la procedencia de las antigüedades de tal manera que nadie pudiese venir con inoportunas reclamaciones, y conociéndose por el Boletín solamente la de las que le parecía al Excmo. Sr. Obispo, hoy se había hecho muy laboriosa la tarea de averiguar la procedencia».
También la historiadora Mari Sancho Menjón, actual directora general de Cultura del Gobierno de Aragón, hace referencia a este texto en uno de sus artículos y considera que «aquella “precaución” tomada por el obispo Messeguer para ocultar la procedencia de lo que se llevaba al museo «sigue siendo eficaz para dificultar al máximo las reclamaciones hasta el día de hoy». «Lo peor de todo –entiende- es que dificulta también el conocimiento de nuestra historia, de la historia del arte, de lo que cada lugar produjo y se esforzó en poseer para sus iglesias. Eliminar el contexto de una obra es arrebatarle su sentido y arruinar sus posibilidades de estudio».
Una hipótesis, la del enmascaramiento deliberado de la procedencia de las obras, en la que cree firmemente el que fuera alcalde rotense Alberto Lamora –gran amigo de mosen Lemiñana y siempre combativo en el tema del arte expoliado por el obispado ilerdense- quien, en tono irónico, recuerda la excomunión del obispo de Lérida Pedro Antón y Serra, en el siglo XVII, por llevarse de Roda los sepulcros de San Ramón y de San Valero y negarse a devolverlos pese a un dictamen vaticano en este sentido. No hubo contemplaciones entonces: enfrentado con Roma, el obispo fue fulminantemente cesado de su cargo y excomulgado.
Significativamente, los sepulcros volvieron a Roda y en la actualidad se veneran en la cripta de la catedral de san Vicente. «Algo que no puede decirse –subraya Lamora- de los bienes que salieron de aquí poco después de la guerra civil y que los mayores del pueblo todavía recuerdan». Por entonces aún no se había construido la carretera de acceso al caserío rotense desde la vía general, que discurre bastantes metros más abajo, y al pueblo sólo se llegaba por un empinado camino de herradura. Y por este camino se presentaron ante la catedral de san Vicente unos enviados del obispado de Lérida acompañados por ocho mulas que, según recuerdan los mayores, cargaron hasta arriba con todo tipo de objetos sacados del templo y bajaron por la cuesta hasta la carretera asfaltada para trasvasarlos a unos vehículos que emprendieron camino a la capital ilerdense. «Siempre nos ha quedado aquí ese resquemor por lo que se llevaron entonces, que, por supuesto, no figura en la relación de lo que se había llevado un siglo antes Messeguer y no aparece consignado por ningún lado», comenta Lamora recordando que no eran esos unos momentos muy propicios para la queja.
Desde el obispado ilerdense intentaron repetir la jugada años después, en la década de los sesenta y ya con la carretera construida, y se presentaron unos enviados en una furgoneta que volvieron a cargar hasta arriba con todo tipo de objetos litúrgicos y artísticos. Lamora comenta que por entonces los tiempos habían cambiado y, alertada por los vecinos, la Guardia Civil paró a sus ocupantes a la entrada de Graus y les obligó a dar la vuelta y devolver el cargamento a la catedral; «si no, ahora mismo estarían sus naves vacías».
Como mosen Aurelio, el ex alcalde rotense considera que la anunciada devolución de los bienes puede suponer «un empujón» al proyecto del Museo “Manuel Iglesias”. Y va más allá que el párroco al considerar que, como ya en la actualidad se conservan en la catedral de san Vicente un conjunto de piezas textiles consideradas por los expertos de extrema importancia y enorme valor histórico-artístico, varias de las dalmáticas, casullas y estolas que van a regresar ahora podrían incrementar la colección del futuro museo rotense que tendría así una marcada especialización y una notable importancia en el panorama museístico nacional e internacional. Lo mismo piensa Vicente Ballarín, actual concejal de Cultura en el ayuntamiento y promotor de un singular museo en el que las maquetas de barcos y aviones comparten escenario con un cuidado apartado etnológico sobre la vida de Roda en los siglos XVIII, XIX y principios del XX, para quien el museo catedralicio es «fundamental» y puede suponer «un impulso decisivo» para la recuperación poblacional de una Roda de Isábena que en estos meses pandémicos «echa más que nunca de menos el bullicio en sus calles porque, con las limitaciones de movimiento, aquí sólo nos hemos quedado cuatro gatos».

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