Secastilla trabaja para la recuperación del burro en tareas de preservación del medioambiente

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Con una notable afluencia, que podría haber sido mayor dada la demanda existente sin las restricciones a las que obliga la pandemia, el Aula de la Naturaleza del núcleo de la Aldea de Puy de Cinca –perteneciente al municipio ribagorzano de Secastilla- acogió este pasado fin de semana la celebración del segundo de los tres talleres programados en el marco del proyecto “La recuperación del burro como animal de trabajo: una propuesta innovadora para reducir la huella de carbono” que se está desarrollando en las últimas semanas con el impulso del ayuntamiento secastillano, la financiación de DPH y el apoyo técnico de la Asociación “Laboratorio de Ruralización” que gestiona la Aldea de Puy de Cinca.
Los talleres forman parte de una serie de actividades destinadas al estudio y difusión de las posibilidades del pastoreo de burros como medida para mantener limpio el monte que, a su vez, tratan de impulsar una campaña de sensibilización y formación para tomar conciencia de la necesidad de una mejor gestión de los bosques mediante una experiencia piloto basada en el pastoreo controlado de ganadería asnal y mediante el manejo del burro como animal de trabajo. Todo ello en el marco de una estrategia para la gestión de los residuos sólidos abandonados y la reducción de la huella de carbono.
Tras un primer taller impartido el pasado día 10 por la antropóloga y presidenta de la asociación Laboratorio de Ruralización Belén Álvarez sobre el manejo del burro como estrategia para reducir la huella de carbono, el celebrado este pasado fin de semana estuvo centrado en el conocimiento del medio natural, las consecuencias de los espacios naturales abandonados y el manejo básico del burro en este entorno y tuvo como docentes a Jordi Fernández Martínez, Doctor en Biología (especialidad en Fisiología Vegetal, efectos del cambio climático y de la contaminación sobre la fisiología de las plantas) por la Universidad de Barcelona y a Miguel Ángel Lapuyade Nasarre, licenciado en Antropología Social y Cultural, miembro de la Asociación Laboratorio de Ruralización.
«Con la nueva normativa sobre el Covid-19 no sabemos si vamos a poder celebrar el taller sobre el agroturismo como una oportunidad para la sensibilización medioambiental que teníamos previsto impartir el próximo día 2», comenta Lapuyade, uno de los promotores principales del proyecto y que iba a ser de nuevo el ponente de esta actividad. No obstante, recuerda que el laboratorio de Ruralización tiene previsto hacer públicas el próximo mes de noviembre las conclusiones sobre lo que han dado de sí las diferentes actividades programadas en este proyecto centrado específicamente en el burro pirenaico, una raza que fue muy utilizada para el tiro, la trilla, la recogida de leña o el transporte de personas y de mercancías y que actualmente está considerada como “raza de protección oficial”, debido a su escaso número de ejemplares (en Aragón se calculan menos de 1000 individuos).
El abandono de las prácticas agrícolas y ganaderas ha provocado la transformación del paisaje, en el que la vegetación se ha vuelto más homogénea debido a la expansión del matorral en zonas de pastos y cultivos. Esto ha dado lugar a una disminución de la diversidad de la flora, incidiendo también en las especies animales. «Los pastos, aunque solo representan un siete por ciento de la superficie de Aragón, atesoran más del treinta por ciento de las especies vegetales, casi un tercio de la diversidad florística», comentan los promotores del proyecto señalando que el aumento de la masa forestal supone un incremento significativo de la probabilidad de que se produzcan incendios que «se acrecentará en los próximos años puesto que, tal y como predicen los modelos, un aumento de las temperaturas y unas sequías más intensas y prolongadas asociadas al cambio climático, generarán unas condiciones más favorables a los incendios forestales, con las nefastas consecuencias a nivel medioambiental y de patrimonio que pueden suponer».
Ello ocurre en un contexto en el que también está en declive el pastoreo, una actividad que «resulta ser una estrategia imprescindible para retirar la vegetación potencialmente combustible, así como para mantener las zonas abiertas o desbrozadas» por lo que este proyecto de recuperación, que se inicia con una cabaña de una decena de burros tiene como objetivo general a largo plazo revitalizar áreas de bosque y praderas abandonadas mediante su pastoreo como estrategia para reducir la huella de carbono.
El proyecto conlleva una investigación científica paralela con el estudio de la cantidad y características de la biomasa vegetal retirada, de las especies de flora y fauna existentes antes y después del pastoreo o de la gestión de la manada de burros mediante GPS.

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