Un ganadero sufre el ataque del oso en Abi

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Valentino Fièvet, un joven ganadero de la localidad ribagorzana de Abi ha sido, por el momento, el último afectado por el ataque del oso en territorio de Ribagorza. Un suceso que tuvo lugar en la madrugada del martes al miércoles, que le ocasionó la pérdida de una oveja y que está siendo investigado por la DGA, cuyos vigilantes han ido a revisar la zona y han constatado que se trata de un ataque del plantígrado aunque no se pudieron encontrar huellas de su presencia, porque el terreno no lo permitía, para poder determinar de qué oso podría tratarse.

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Muy desanimado, Valentino Fiève estuvo a punto de no dar siquiera noticia del suceso. «Aún tengo pendiente el cobro de una oveja del año pasado y ahora me dicen que habrá que ver si aparecen huellas del oso porque si no, tal vez haya problemas para considerarlo oficialmente como un ataque suyo cuando se ve claramente que así ha sido y así lo han reconocido los técnicos», explica, recalcando que el ataque se produjo estando las ovejas en el redil y vigiladas por dos mastines «unas medidas que no han servido para nada». Fièvet cuenta cómo al llegar este miércoles por la mañana a la zona donde se encuentran las ovejas se encontró a uno de los mastines ladrando al lado del cadáver de una oveja, a la que se le habían comido el corazón, el hígado y parte de los pulmones, y pudo comprobar que la red de contención del rebaño «estaba rota por todos lados». Varios de los animales se habían dispersado por los alrededores de la finca con evidentes señales de temor y fue necesario volver a reagruparlos.
«Ante situaciones como ésta, uno siente una tremenda impotencia y desánimo, una sensación de ya no saber qué hacer», confiesa este ganadero que ejemplifica como pocos el afán de seguir manteniendo vivo y poblado el territorio y que ha hecho de la recuperación de Abi, localidad que ha estado a punto de desaparecer por la emigración de sus residentes, su objetivo vital y el de su familia. «Estamos recuperando tierras de labor, manteniendo ganados, invirtiendo dinero, esfuerzo e ilusiones pero cuando te pasan cosas como ésta y sientes la falta de apoyo real de la administración te dan muchas ganas de tirar la toalla», se lamenta Fièvet.

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