Aunque pasadas por agua, la inauguración y el desarrollo de las dos jornadas de la vigésimo octava edición de la popular Fira de Sant Medardo de Benabarre se celebraron este pasado fin de semana con un encomiable apoyo del público. Desde el sábado a las cinco de la tarde, momento en el que se procedía al preceptivo corte de la cinta dando por inaugurado oficialmente el certamen, centenares de benabarrenses y de gentes llegadas desde otros muchos rincones de la comarca desafiaron a la lluvia –por momentos muy intensa- y respaldaron con su presencia en el pabellón polideportivo de la localidad convertido en recinto ferial esta feria que se ha consolidado como un interesante certamen para dar a conocer y hacer visibles las potencialidades económicas del territorio.
Los visitantes se encontraron con una variopinta oferta que, como en los últimos años, se está singularizando con una decidida apuesta por la agroalimentación, la artesanía más cercana, por el producto de kilómetro 0 y por la filosofía del slowfood o cocina lenta con productos de alta calidad cocinados en un entorno sin prisas en el que disfrutar plenamente de los placeres de la vida y de la compañía de la familia y de los amigos.
Un total de sesenta empresas, artesanos e instituciones vinculadas con el territorio, en buena medida relacionados con los procesos de transformación artesanal y comercialización en entorno cercanos de los alimentos, mostraron este año sus productos en este certamen que fue también escenario de variadas propuestas gastronómicas, culturales y recreativas. Este programa complementario se inauguraba el jueves con unas jornadas específicas sobre el azafrán –cuyo cultivo y comercialización está generando desde hace varios años unas interesantes iniciativas de creación de empleo en la zona- y, a pesar de que las inclemencias meteorológicas obligaron a suspender algunas de las actividades previstas al aire libre, propuso sábado y domingoe diversos talleres para niños y mayores.
Entre los actos afectados por el tiempo se tuvo que suspender la clásica “almorzada” de cordero a la brasa y la muestra de ganado en el exterior del recinto ferial que suponían un año más un guiño a la tradicional vocación ganadera de este certamen de origen medieval que, desaparecido en la década de los sesenta, fue recuperado por el ayuntamiento y los ganaderos locales en 1989 como un escaparate de la actividad económica de Benabarre y su comarca.























