COLABORACIÓN || Carmelo Bosque
Igual que un agricultor planta con cariño sus semillas para conseguir una cosecha fructífera. Igual que un cocinero trabaja sus elaboraciones y productos hasta ensalzar el máximo sabor de un plato. Igual que un sumiller, a base de investigar, es capaz de acertar en la elección del mejor vino para un determinado cliente. Todas estas actitudes, con sus diferencias, llevan una misma cosa: desarrollar un talento especial para una profesión. Talento que rara vez es innato. Que se trabaja a diario, con esfuerzo y tesón; como el que se exige este oficio. Entrenamiento duro para conseguir formar parte de la élite en el campo de la hostelería y el turismo. Nadie dijo que fuera fácil. El sector está cambiando y lo está haciendo a marchas forzadas. Profesionalizando al máximo las estructuras empresariales y respetando los tiempos de conciliación del trabajador con el disfrute del cliente. Actualmente, el visitante busca experiencias únicas para vivir en sus días y momentos festivos. Y los profesionales que trabajan en hostelería y turismo son los que hacen posible que estas experiencias sean perdurables en el recuerdo. Solo las personas más talentosas estarán capacitadas para soportar todos los cambios que exige esta sociedad. Y para llegar a ello solo hay una fórmula válida: trabajar para cultivar unas aptitudes que nos encaminen hacia la excelencia. A por ello.






















