Benasque reclama cortafuegos para prevenir posibles incendios

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Algo más de una semana después de la alerta, los benasqueses siguen dándole vueltas a la cabeza a lo que podría haberse convertido en un gravísimo problema para este municipio pirenaico. El pasado 23 de agosto, numerosos residentes y visitantes de la zona observaron una fina columna de huno que se elevaba desde los montes de la conocida como la Mina de Cerler”, un terreno de difícil acceso poblado por densas masas de arbolado.
La cosa quedó en un susto porque el conato de incendio pudo ser controlado inmediatamente gracias a la presencia en Benasque del helicóptero del 112 que descargó sobre la zona varias cargas de agua. Pero en el municipio son conscientes del evidente peligro vivido, ya que el fuego se hubiera podido extender fácilmente por una amplia mancha de masas boscosas que rodean las localidades de Benasque, Cerler y Anciles y que están especialmente secas tras un año de intensa sequía ha despertado todas las señales de alarma.
Los benasqueses reclaman una política «efectiva» de tratamiento y cuidado de los bosques con la creación de varios cortafuegos, cuidado de las arboledas, mantenimiento de caminos, entresacas de madera y saneamiento forestal. «Hay una cosa clara, la climatología está cambiando y estamos yendo en los últimos años a veranos más cálidos y secos con todo lo que ello conlleva», apunta el presidente de la Asociación Turística Empresarial Valle de Benasque, ATEVB, José María Ciria, quien reconoce que éste está siendo un año especialmente seco «pudiéndose ver perfectamente muchos robledales y bosques de abedules completamente agostados que son una auténtica bomba de relojería».
Ciria denuncia que si se produce un fuego en este entorno y no se logra controlar en una primera instancia las consecuencias pueden ser «gravísimas». Entiende que es «más que evidente» el peligro que correrían los residentes en Cerler y Anciles, rodeados de amplios bosques, y apunta el daño ecológico que un incendio descontrolado ocasionaría. «Y no es una cuestión menor para un territorio que vive del turismo tener todo su entorno quemado», recalca.
Reconoce que, en el aspecto turístico, el verano ha ido «fenomenal», aunque echa de menos una mayor presencia de lluvia que, entre otras cosas, hubiera garantizado la campaña de turismo otoñal vinculada a la micología. Significativamente, la sequía ha obligado a posponer las Jornadas Micológicas que se iban a celebrar en este comienzo de septiembre en Cerler porque la situación de auténtico estrés hídrico que soporta la Alta Ribagorza impide la aparición de las setas. Los datos sobre las precipitaciones caídas en la zona son determinantes: Benasque suele recibir unos 1200 litros de agua de lluvia por metro cuadrado al año y a estas altura de 2016 tan sólo han caído 470, y de ellos unos exiguos 31,4 en agosto.
«Es un tema más importante de lo que parece porque nos estamos jugando mucho en este asunto», abunda el alcalde benasqués, José Ignacio Abadías, quien recalca que los bosques de La Mosquera, la Selva o Conques, zonas habitualmente muy húmedas y contiguas a varios núcleos habitados, están ahora «tremendamente secos» con el consiguiente riesgo sobre Cerler, Anciles o la urbanización de Linsoles. «Son territorios que, en buena medida, han tenido históricamente un uso ganadero muy intenso pero que con la pérdida de ganadería han mutado los pastos en bosques», recuerda el alcalde quien reclama la realización de estudios técnicos y la toma de medidas para salvaguardar las zonas habitables e impedir la propagación del fuego en caso de hipotéticos incendios.

El telecabina Benasque-Cerler.
Entre estas medidas, Abadías apunta que existe el proyecto de construir un telecabina entre Benasque y Cerler para favorecer el flujo de visitantes y usuarios de la estación de esquí cuyo trazado iría por la zona de La Mosquera. Este proyecto contempla la instalación de un infraestructura de 1,8 kilómetros que salva 350 metros de desnivel y comunica directamente Benasque, donde se instalaría una gran zona de aparcamiento, con el pie de la estación de esquí esponjando así el uso de la carretera que une ambas localidades y que en épocas de amplia utilización –incluso con las reformas realizadas últimamente- soporta numerosos incidentes y retenciones.
«Este telecabina, que está declarado de Interés Autonómico, conllevaría la limpieza de una franja de bosque que actuaría como cortafuegos porque además el proyecto contempla la instalación de bocas de riego para una posible innivación de su trazado», comenta Abadías quien insiste en que esta sería una de las actuaciones necesarias pero  que hay que seguir insistiendo en la profundización de los planes de manejo de las zonas arboladas.
Sobre este proyecto del telecabina, el alcalde sostiene que en Francia son muy utilizados y señala que hay ejemplos cercanos de este tipo de infraestructuras como los existentes en la vecina Luchón o en Artouste. «Se ha demostrado que en zonas de montaña es más fácil acercar a la población y a los usuarios de instalaciones turísticas por este medio que por carretera», insiste el alcalde.
Por su parte, José María Ciria recuerda que la del telecabina es una «histórica» reivindicación de los empresarios de la zona. «La ATEVB lleva ya 15 años con esta demanda pero hace ya 45 que un grupo de empresarios benasqueses compró un telesilla con la idea de unir Benasque y Cerler que luego, por distintas razones, se colocó en la zona del Ampriu».

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