Descansar y restaurarse en el suelo

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Cuando un ser humano se siente cansado después de realizar cualquier tipo de esfuerzo, el modo más eficaz y seguro de descansar es permanecer tumbado en el suelo en decúbito supino (boca arriba), procurando apoyar los pies y las piernas sobre una silla, un sofá, un taburete o la cama.

Sobre todo hay que acondicionar el espacio en donde se practique esta necesaria y restauradora postura, haciéndolo con una alfombra, una colchoneta o una manta. Si el suelo se experimenta como excesivamente duro o frío puede colocarse una colchoneta y una manta. En cualquier caso la persona es quién, de acuerdo a sus características morfológicas y a las sensaciones del momento, establece el mejor modo de hacerlo.

El contacto de la espalda con la dureza del suelo permite aumentar las sensaciones corporales de la persona practicante pudiendo localizar los puntos de dolor, incluso las molestias ligeras con mucha claridad y precisión, con tan solo centrarse en sí misma  focalizando la atención en la respiración y las zonas doloridas.

La persona tiene que estar muy tranquila y ser muy paciente, tomándose todo el tiempo que necesite hasta descansar completamente. Si aparecen las distracciones por prestar atención a los pensamientos, de inmediato tendrá sensaciones de aburrimiento o de cansancio, por estar descansando parcialmente, pues la mente sigue muy activa. La atención en la respiración permite alejar los pensamientos con cada exhalación, lo que faculta poder utilizar la energía psíquica de la mente para sentirse con mayor claridad e intensidad.

Una vez centrada y tranquila, cada persona puede empezar a desplazar muy lentamente los pies, las piernas, la pelvis, la cabeza o los brazos para tratar de masajear con mayor precisión en las zonas con molestias.

Cada persona, libre y espontáneamente, según sus necesidades, puede ir explorando motrizmente todo su cuerpo con la ayuda del suelo, de la silla y de su atención, hasta percibir que esas molestias van desapareciendo o se van haciendo mucho menos agudas.

Cuando se percibe esto es un claro síntoma de que la persona no solo ha descansado sino que está en proceso de restaurarse, es decir, de recuperar la vitalidad perdida, abrir e hidratar sus articulaciones, estirar sus cadenas musculares y facilitar la circulación venosa de retorno. Esta restauración integral en el suelo permite entre otras muchas cosas crecer, descomprimirse, relajarse, tonificarse y gozar de sí misma de un modo muy sencillo, cómodo y barato. Además, se adquiere un estado profundo de autoconocimiento que aumenta la confianza en el propio poder que tiene cualquier ser humano.

Es una restauración tan poderosa que con frecuencia la mente se rebela e irrumpe de pronto con arquetipos y prejuicios, pero no hay que prestar atención a la mente sino a las propias sensaciones que produce esta experiencia, diferentes en cada persona.

Pueden practicarlo todas las personas, cualquiera que sea su condición física, edad y género. Los niños y jóvenes ya lo suelen practicar de manera espontánea. Los deportistas consumados tal vez lo tilden de un trabajo superficial, pero se equivocan gravemente si no lo experimentan, ya que su rendimiento deportivo, su salud y su bienestar lo notarán de inmediato. Además, pueden en esta postura tonificar las piernas, los brazos o la cuerda anterior (abdomen y pecho). Para las personas ancianas es un ejercicio necesario para vivir en bienestar hasta el último día de la vida.

Mientras una persona sea capaz de bajar al suelo y posteriormente levantarse, puede decirse que está en plenas condiciones para disfrutar de la vida cotidiana. De no practicarse cada día es posible que los dolores y mareos generen miedo y teman bajar al suelo para después no poder levantarse. De ser así hay que buscar ayuda: un bastón, el apoyo en la pared, en el sofá o con la ayuda de otra persona…

Recuerde, no hay mejor sitio para descansar y restaurarse que el suelo de su casa, esto si, bien acondicionado para descansarse, restaurarse y sobre todo disfrutarse.

www.ejercicioybienestar.org

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