COLABORACIÓN || Cristian Laglera
Escritor
Resulta una obviedad afirmar que la despoblación de las zonas rurales es uno de los principales factores que influyen en la propagación de los incendios que asolan nuestra tierra.
Llevamos muchos años recorriendo esta provincia, sobre todo sus zonas menos pobladas, y es indiscutible que la despoblación generalizada del último medio siglo ha provocado la irrupción de árboles y arbustos en lo que antes eran tierras de cultivo. Asimismo, los bosques son más densos y están mucho más sucios, dado que el ganado ya no deambula libremente como sí lo hacía antaño. Una buena parte de nuestros bosques son un polvorín. No hacen falta grandes análisis –que también los hay– para darse cuenta.
Como ejemplo la comarca de Ribagorza, que ha perdido dos terceras partes de su población en el último siglo. Ha pasado de 33.500 habitantes en 1920 a poco más de 12.000 en el año 2020. Esto ha ocasionado el abandono de casi un centenar de pequeños núcleos en los últimos 80 años. Sus tierras de cultivo e incluso sus calles están invadidas en la actualidad por selvática maleza.
Es evidente que habría que abordar seriamente el asunto de la despoblación, y facilitar por todas las vías posibles el tránsito de personas de la ciudad a los pueblos. Todas las acciones positivas a favor de la gente que reside en los pueblos son pocas. Hay mucho en juego.






















