La ganadería intensiva y la contaminación por nitratos a debate en Graus

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El ponente ante los asistentes a la charla coloquio celebrada en la Casa de la Cultura de Graus (Foto: Servicio especial)

La charla sobre contaminación por nitratos y la ganadería intensiva ofrecida por el ingeniero Fernando Suárez reunió en la Casa de Cultura de Graus a un interesado público.
Organizado por Ecologistas en Acción de Ribagorza, que conmemoran estos días los primeros veinte años de existencia de la entidad y la próxima década de su implantación en Ribagorza, en el encuentro estuvo presente un grupo de ganaderos de Porc Libre-porcicultores libres del Pirineo aragonés, y otros productores –no sólo de Ribagorza- que protagonizaron un animado debate tras la presentación del ponente. En este debate puso de manifiesto la evidencia de la afección que la agro-ganadería tiene en la calidad de las aguas y la necesidad de una acción conjunta huyendo de visiones excluyentes.
Previamente, Fernando Suárez había señalado que los residuos procedentes del sector agropecuario y de sus industrias derivadas tienen unas características comunes que les confieren por una parte su carácter contaminante, pero por otra su potencial de aprovechamiento y utilización dentro de la economía circular. La principal característica de estos residuos es su contenido en materia orgánica biodegradable que, por una parte es la causante de su potencial contaminante pero, por otra, es puede ser una fuente de potencial energético en cuanto a su potencial de metanización.
El aprovechamiento como recurso suele requerir de inversiones que no son rentables, sobre todo en instalaciones de pequeño tamaño. Por ello, según Suárez y si no existe presión, controles y exigencias de la administración, el componente de desimpacto medioambiental no es un estímulo para la empresa.
En otros países se ha estimulado la producción de biogás, en España, sobre todo, después de la reforma energética es biogás no se ha estimulado, pese al gran efecto positivo que tiene sobre la producción de gases de efectos invernadero.
La utilización del recurso, tanto del energético, como del fertilizante se sale del ámbito normal de trabajo de la empresa que genera el residuo y es un tema marginal.
El sector porcino tiene como principal característica la figura predominante de la relación integrador-integrado. Más del 80% se encuentra en este tipo de producción que empezó en los años 80-90 con las grandes compañías de piensos. Ahora el sector está en manos de grandes y, alguna mediana, empresas integradoras que ceden al ganadero el cerdo para engorde (20 kg) y lo recogen con unos 110 kg. El integrador es el dueño del cerdo, le da la comida y medicamentos al ganadero que pone la instalación, la mano de obra, la energía y, supuestamente, se hace cargo de la gestión de los purines. Por todo ello cobra una cantidad por cerdo engordado con determinados parámetros correctores de mortandad, etc… Esa cantidad es relativamente pequeña y solo es rentable con engordes de volúmenes relativamente grandes.
El sistema de integración en sus contratos con los ganaderos, no suele considerar la gestión de purines en el cálculo de costes incurridos para el cálculo del precio que tiene que pagar el integrador al ganadero, cuando una gestión sostenible sí que supone un coste que no puede asumir el ganadero porque no está incluido en dicho coste.
Entiende Suárez que el ganadero no tiene, por tanto, capacidad económica ni medios de internalizar esos costes y trasladarlos al precio de la carne y que de esta manera se rompe el principio de “quien contamina paga”. Por ello, como idea de partida fundamental, considera que es imprescindible que en las explotaciones existentes los integradores asuman los costes de gestión de los purines.
Cataluña ha sido históricamente la autonomía con más problemas y lleva prácticamente dos años sin crecer. Los problemas de contaminación por nitratos, la contestación ciudadana y las medidas de la Generalitat han frenado el crecimiento.
El crecimiento se ha desplazado en los últimos años a Aragón, con menores requisitos y donde has sido bien acogidas las explotaciones. Actualmente Aragón se encuentra en fase de publicar un nuevo Decreto, ahora en información pública y es importante ver como regula el sector. Se ha desplazado también la zona tradicional de producción de Aragón, como la parte oriental a zonas menos saturadas hasta ahora, como es el caso de La Hoya de Huesca.
Las grandes integradoras se están desplazando también hacia nuevas zonas en otras autonomías. Como el caso de Zamora, Soria o Cuenca. El problema es que las nuevas instalaciones pretenden aprovechar el gran crecimiento, la denominada burbuja del sector, producir con pocas inversiones y, ninguna, en el tema específico del medio ambiente, instalándose muchas veces en zonas no sostenibles que invaden otros sectores tradicionales de economía sostenible como la ganadería extensiva o el turismo rural y generando más pobreza que riqueza.
Sostiene Suárez que las explotaciones intensivas existentes son un problema, por la agresión que suponen al medio ambiente y la ausencia de gestión medioambientalmente sostenible. Además no crean ninguna estructura de riqueza para el territorio donde se instalan. Según el propio presidente de Aragón, nuestra comunidad contabiliza 3.900 explotaciones de porcino y produce 13 millones de cerdos al año, el 25% de todo lo que se produce en España. Sin embargo, los empleos directos de las explotaciones son solo 4.900 puestos, es decir una media de 1,3 puestos de trabajo por explotación.
Por tanto, abunda el ponente, el porcino intensivo, no solo no genera riqueza en el los territorios donde instala las explotaciones, sino que las empobrece, compitiendo con actividades como el turismo rural y provocando abandono del territorio debido a los efectos negativos de contaminación y olores.
Por ello piensa que indudablemente, a futuro, se deberá ir a una evolución del sector hacia sistemas de explotación más sostenibles social y medioambientalmente, pero en la situación actual es necesario abordar dos problemas: ¿Qué hacer con las explotaciones existentes? Y ¿qué condiciones debe cumplir una nueva explotación?.
Para él, el problema no es la explotación ganadera, sino el desequilibrio entre ganadería y el agricultura como ocurre en la intensiva. Una explotación equilibrada, como sucede en muchos casos en Alemania, tiene una explotación agrícola que se aprovecha de los purines y de su potencial fertilizante. Los purines sustituirían así a los fertilizantes minerales. El problema surge cuando la densidad y el tamaño de la explotación es tan grande que no existe terreno o cultivos donde se puede usar este fertilizante adecuadamente en cantidad y en época de aplicación y éste se convierte en un contaminante, porque no hay espacio o hay que hacer grandes balsas.

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