Las lluvias que acompañaron intermitentemente buena parte de la mañana de este pasado sábado en Graus no arredraban a los apasionados por la popular Fiesta de la Longaniza –que son legión- y desde primeras horas de la jornada las calles de la villa ribagorzana se convertían en escenario de los trasiegos y paseos de visitantes y lugareños deseosos de disfrutar del amplio programa de actividades complementarias diseñado con motivo de la celebración de la vigésimo octava edición de un festejo que, por su demostrada capacidad de convocatoria, es considerado por el Gobierno de Aragón desde 2013 como Fiesta de Interés Turístico Regional.
Las nubes, negras y amenazantes, servían de telón de fondo en el despertar de la jornada y descargaban poco después un intenso aguacero que, lejos de suponer un factor negativo para el festejo, refrescaba sensiblemente el ambiente y dejaba en lo climático un día con unas temperaturas muy agradables que se mantenían en las siguientes horas mandando al olvido el asfixiante ambiente de días atrás. Las lluvias amagaban después un par de veces a lo largo de la mañana pero se quedaban en poco más que en tentativas y, al abrirse las nubes, permitían una tarde con un cielo escasamente nublado y un ambiente fresco que se agradecía especialmente después de muchas jornadas de calores saharianos.
Pero aún con la amenaza de la lluvia, desde primeras horas de la mañana las calles grausinas se animaban con la presencia de numerosos visitantes atraídos por el reclamo de la que se ha convertido en una de las fiestas más participativas del verano aragonés. El mercado artesanal, en el que faltaban algunos expositores que habían reservado plaza pero que se asustaron ante unas previsiones meteorológicas muy complicadas, ha visto un incesante ir y venir de gentes de las procedencias más diversas ya que esta Fiesta es cada año más internacional.
Un público que disfrutaba también de las variadas actividades complementarias como las pensadas para los más pequeños, como un taller infantil de embutido de la longaniza y una serie de propuestas lúdicas convocadas bajo el nombre genérico de “Tocinópolis”, de la música clásica y folclórica en directo o de una espectacular demostración del difícil arte de las piedras en equilibrio ofrecida por el destacado “escultor de la gravedad” Pedro Durán como preludio de la celebración este domingo del campeonato de esta modalidad convocado por la Asociación Ramiro I.
Otro de los puntos de interés estaba junto al estrado en el que, a primeras horas de la tarde, se empezaba a embutir la longaniza gigante. Junto a él, no se perdía detalle Josep, quien confesaba sentirse «medio ribagorzano y medio de Balaguer», mientras reconocía que sólo se ha perdido una edición de este festejo «que es siempre especial». Desde Masnou llegaba Enrique, que venía a Graus por primera vez y que disfrutaba con un ambiente «fantástico» mientras guardaba turno para degustar el embutido. Y de Zaragoza venían Mari Mar y su marido, quienes ya habían conocido el montaje de la longaniza de Graus en la demostración que se hizo en el recinto de la Expo Internacional de 2008, pero que también era la primera vez que se acercaban hasta la villa ribagorzana físicamente ya que su longaniza siempre la tienen presente porque, como reconocía la propia Mari Mar «nunca falta en la nevera».
Y entre estos asistentes, quien ha disfrutado de lo lindo ha sido la tastadora cesante, la escritora barbastrense Inés Plana que había hecho un hueco en su apretada agenda –a las puertas de presentar su esperada segunda novela, se le acumulan los compromisos editoriales- para vivir intensamente la fiesta sin el corsé del cargo representativo. «Me lo estoy pasando incluso mejor que el año pasado, es una celebración increíble», comentaba, inmersa y plenamente implicada en el ritual del embutido, asado y reparto de la longaniza grausina.
Inés cedía los trastos como embajadora de la Fiesta a otro periodista y escritor altoaragonés, Manuel Campo Vidal, quien confesaba sentirse «muy honrado» con esta distinción y ponderaba este festejo como un promotor de valores como la concordia, la amistad, la imaginación y la cooperación. Una fiesta que, abundaba el tastador «sirve para poner a Graus en el mapa informativo y asociarlo a un producto de calidad».
Y ya cuando empezó a caer el sol, ultimado el laborioso trabajo de embutido manual de la longaniza más grande del mundo –con sus casi seiscientos metros de largo y más de mil kilos de peso su elaboración artesanal se prolongó durante casi tres horas-, comenzó ya el momento más esperado por las casi siete mil personas que acudieron este año al reclamo de estos festejos que se han sabido ganar un hueco en el corazón y –por qué no reconocerlo- en el estomago de gentes llegadas desde los rincones más insospechados de la geografía nacional e internacional que asistieron con expectación al impactante proceso de cocción a la brasa del embutido y de volteo de la parrilla gigante de veinticinco metros cuadrados -para el que es necesario la ayuda de una gran grúa- y que, una vez recibido el preceptivo visto bueno del tastador oficial, acabaron en unos minutos con las más de diez mil raciones de la longaniza recién asada. Se certificaba así la maestría de embutidores y asadores cuyo trabajo fue unánimemente alabado por quienes degustaron las generosas raciones de longaniza repartidas.
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