Los vecinos de Barbaruens han hecho público su malestar con lo que consideran una «auténtica invasión» por parte de los barranquistas deseosos de realizar el descenso de la conocida como “Aigüeta de Barbaruens”, el tramo de barranco deportivo más conocido de la Alta Ribagorza.
El elevado número de practicantes de esta modalidad deportiva que acceden estos días a la zona está ocasionando múltiples inconvenientes a los residentes habituales en esta pequeña pedanía del municipio de Seira en la que escasamente residen de forma habitual una quincena de personas. Uno de ellos, Luis Araguás, reconoce que lo que están viviendo estos días es «una auténtica invasión» que está propiciando algunos momentos bastante desagradables, «máxime en esta época de miedos y prevenciones por culpa de la Covid-19», cuando algunos de los excursionistas se pasean por las calles del pueblo sin mascarilla y hacen caso omiso de las advertencias de los residentes para que se la pongan.
«Desde hace bastantes años vivimos en los meses de verano verdaderas avalanchas de barranquistas, pero lo de estos días ha superado todo lo imaginable, nunca había aparecido tantísima gente por aquí», comenta Araguás apuntando que el pasado sábado llegaron a contar más de 150 practicantes del barranquismo en el pueblo.
Los residentes en Barbaruens reconocen que el problema no es tanto esta inusual presencia humana, que también está generando en los lugareños una cierta prevención tras el confinamiento que aquí ha sido de especial aislamiento y escaso –por no decir nulo- contacto con el exterior, sino la problemática añadida que supone el trasiego de vehículos por una carretera muy estrecha y su estacionamiento a la entrada de un pueblo de calles estrechas y prácticamente ninguna zona preparada para el aparcamiento. «Ello supone –comenta Araguás- el colapso de la circulación por los embotellamientos que se viven en los momentos de especial afluencia y de ello pueden dar constancia los camiones de recogida de residuos de la Comarca que estos días tienen que hacer malabarismos para poder entrar y salir del pueblo». Este colapso afecta también a los residentes que se las ven y se las desean para poder salir del pueblo con sus vehículos en esos momentos.
Un problema añadido es el de las deposiciones fisiológicas y de otras basuras que “dejan” muchos de los barranquistas en los campos y prados cercanos al caserío urbano ante la inexistencia de servicios públicos, en el primero de los casos, y la propia desidia e incivismo en el segundo. «Esto es un chorreo continuo y, sobre todo, la entrada del pueblo se queda hecha una porquería; tanto es así que una familia que vive allí ha decidido marchar hasta que esto acabe por la situación de saturación que estamos viviendo», señala Araguás, muy preocupado por lo que puede ocurrir en agosto «si siguen así las cosas».
Los vecinos se han entrevistado en los últimos días con los responsables de las empresas de turismo activo que trabajan en la zona y con los concejales de Seira para tratar de reconducir la problemática. «Hemos encontrado muy buena voluntad por su parte y estamos estudiando algunas líneas de actuación para intentar minimizar este impacto, pero uno de los problemas con que nos encontramos es que hay muchas personas que vienen por libre a hacer este barranco y su control es muy difícil», señalan los residentes.
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