PEDRO ANÍA: Simposios de este tipo sirven para promocionar la ciudad y hacerse, además con un patrimonio cultural

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Por Lola Gª Casanova.
Pedro Anía, escultor afincado en San Lorenzo de Flumen, regresa el 4 de junio a España tras su participación en el Simposio Internacional de Escultura Komurcouglude en Denizli. En tierras turcas dejará un tobogán-elefante para niños y se traerá experiencias, ideas y amigos. «Para vivir de la escultura hay que viajar, con independencia de dónde resida uno». Hablamos con él durante el certamen.

¿Cómo está resultando esta experiencia en Turquía?
– Muy positiva. A diferencia de otros simposium en los que he participado, aquí se trabaja junto a un taller de mármoles y travertinos. Se trata de una gran empresa con 300 trabajadores y contamos con apoyo logístico. Antes de empezar a tallar, dan algún que otro corte en la piedra y eso avanza mucho el trabajo.

Al mismo tiempo, el personal es muy amable en recogernos por la mañana y llevarnos por la tarde al hotel además de organizarnos visitas guiadas.

Los compañeros con los que estoy trabajando son grandes escultores. Opino que algunos proyectos resultan arriesgados y exigen mucha dedicación. Estamos todo el día trabajando, pero la experiencia, como he dicho, es muy satisfactoria.

– No es la primera vez que trabaja en Turquía.
– No, estuve en 2011 en otro Simposium en Alanya durante un mes y ya tuve oportunidad de conocer algo del pueblo turco. Son gente muy accesible y amable. Por ejemplo, si subes a un autobús y te miran… es porque están pendientes de que no te saltes de parada. Pasan a ver las esculturas, a tomar el té, a hablar contigo (aunque no hablo turco), tienen ganas de preguntar. Resulta muy interesante conocer su forma de vida, del día a día, fuera de las zonas de turismo.

– De sus otros compañeros, ¿quién le está llamando más la atención?
– Difícil destacar a uno de ellos. Son todos muy buenos, pero podría comenzar resaltando a Jhon, de Georgia y el más veterano. Presenta una escultura de gran tamaño, un círculo con un caballo y una mujer encima. Una obra muy monumental y lo tiene todo muy bien calculado.

También de países del este viene Serhii, de Ucrania con un pavo real, que son dos bancos para sentarse. Muy bonita.

Sequoyah, estadounidense de origen japonés, está haciendo dos pies que están juntos y con un sistema de cuadrículas, que no veía hace años. Adriano, italiano talla una figura clásica, que todavía está desbastando, pero le quedará muy bien. Con él ya coincidí en Alanya.

Ana Mª, rumana ha elegido un trabajo muy complejo que espero pueda terminar. Kadriye, turca con un trabajo figurativo: la imagen de su hijo. Capta muy bien la expresión: el niño está como soplando, protestando por algo que no quiere volver a hacer y le está quedando fenomenal. Susanne, de Suiza, ofrece un molinillo de viento. Un trabajo más sencillo, pero bonito.

En resumen, cada uno puede destacar por algo diferente, bien sea por la dificultad de la obra, por el perfeccionismo que la hacen, por la belleza de la obra, etc.

 

-Ha acudido a Denizli con un tobogán para niños con forma de elefante, ¿cómo eligió esta escultura?
-En las bases de la convocatoria exigían que las obras, además de embellecer, debían ser utilizables por las personas, que fueran de uso público. La primera idea que me suele venir a la cabeza (al menos a mí) es un banco, pero recordé que cuando estuve en Alanya pedían esculturas para niños y allí hice un caballito balancín que funcionaba y les gustó mucho. Así que pensé en algo para niños y se me ocurrió el elefante tobogán. Quizá porque de entre los animales, se podía adaptar mejor.

Comencé a dibujarlo, donde se integraran las escaleras y el tobogán y a la vez que bonito y proporcionado debía ser robusto para plasmarlo en mármol o en un travertino, que son los materiales que proporciona el simposium. Una vez dibujado, realicé una maqueta en alabastro, lo presenté y les gustó el proyecto.

-De este simposio, ¿qué le atrajo?
-Por una parte hay compensación económica. Una vez que hayamos terminado la obra, cada escultor percibiremos 3.000 $. Aparte, los viajes, la estancia, las comidas, los viajes por la zona, lo paga la organización.

Pero lo que atrae de verdad es que el trabajo de escultor suele ser solitario en el taller, y cuando vas a un simposium, esculpes, intercambias opiniones, técnicas y formas de trabajar con otros escultores. Cuando estás solo en tu taller no compartes con nadie.

Hay simposiums en los que no se cobra nada, pero en estos puedes participar si están más cercanos porque aunque se hacen cargo de la estancia y te den la piedra, generalmente la obra se pone a la venta y después, si no se vende, te la puedes llevar. Pero si está lejos generalmente, se dona la obra.

En cambio, en los que se da un importe, la obra pasa a ser propiedad del organizador del simposium. Esto puede ser un buen sistema de promocionar una ciudad o zona y a la vez hacerse con un patrimonio escultórico.

-¿Es muy diferente este simposio internacional de otros vividos, por ejemplo, en España?
-Todos son distintos, independientemente del país. Las características cambian según la organización, medios para los escultores, la piedra, el lugar de trabajo.

En éste, la zona de trabajo está a 10 km de donde nos alojamos. El hotel está en un pueblo turístico, donde está el parque de Pamukkale, con ruinas romanas y zonas con precipitaciones de bicarbonato cálcico.

En O Grove, por ejemplo, se puede visitar la Rias Baixas, Santiago. Allí el material es granito y las comidas y cenas, cada día en un restaurante diferente, ya que colaboran con la organización.

En España los suelen organizar los Ayuntamientos, en cambio en Francia, Bélgica… son asociaciones.

En España sí que había grandes citas pero ahora con la crisis muchos han desaparecido (lo primero en recortar es cultura) quedan algunos importantes en Turquía, Canadá, China…

 

-Cada vez está más presente en el extranjero, ¿es una decisión deliberada o las oportunidades le salen al paso?
-Sí, cada vez estoy más presente en el extranjero. Es una decisión tomada conscientemente porque para asistir se debe presentar un proyecto, y a la vez, cuanto más vas, más información, invitaciones y ofertas recibes para poder moverte en el extranjero.

Hay que tener en cuenta que para poder trabajar en la escultura y vivir de ello, hay que moverse mucho e intentar llegar a otros sitios. Por otra parte, dada nuestra situación geográfica en San Lorenzo, me resulta más sencillo ir a algunos lugares de Francia que al sur de España. Aunque intento ir a todos los que puedo.

También resulta muy distinta la cultura de cada país. Aquí se tiene la idea que comprar una escultura o una pintura es un lujo, en otros países es algo habitual. Y mientras en España desaparecen las artes en la escuela, en Francia, Bélgica y aquí en Turquía, hacen visitas los colegios a ver los escultores y sus obras.

 

-Usted, lleva muchos años asentado en San Lorenzo de Flumen. ¿Qué ventajas e inconvenientes le encuentra con el paso del tiempo?

-Actualmente llevo 29 años viviendo en San Lorenzo del Flumen y me siento cómodo e integrado tanto en el pueblo como en Los Monegros. En cuanto a las ventajas, la primera es la tranquilidad. Además, en un trabajo donde se genera ruido y polvo resulta más sencillo. Es cómodo ir andando desde casa y a 200 metros entrar en el taller y si tengo que ir a la oficina a buscar algo o a dibujar, en un momento voy. No sufro el problema de una ciudad donde los escultores deben trasladarse a zona industrial.

En el pueblo hay gente que entra a ver qué haces y seguir la evolución de la obra. No veo muchos inconvenientes… un escultor debe viajar, independientemente de dónde viva. Ahora contamos con mejor cobertura de teléfono y de internet, aunque faltan mejorar velocidad y precio. Puedes hablar con cualquier país en el mismo momento, mandar correos, etc. El inconveniente… las carreteras, los ejes de comunicación los van arreglando poco a poco. Conforme se arreglan unas, en las otras se hacen bañeras… por lo demás desde que llegué me encuentro muy a gusto.

 

 

Visita de niños a la escultura de Pedro Anía en Denizli.

 

 

 

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