José María Mur, coautor del libro “Guinea en patués”

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El rotundo éxito de la versión cinematográfica de la novela de Luz Gabás “Palmeras en la nieve” ha vuelto a poner de actualidad la emigración pirenaica durante buena parte del pasado siglo XX a la entonces colonia española de Guinea Ecuatorial. Unos años de la aparición del libro de la ex alcaldesa de Benasque, José Manuel Brunet, José Luis Cosculluela y José María Mur publicaron su trabajo “Guinea en patués”, un impagable estudio en el que con el sugerente subtítulo de “De los bueyes del Valle de Benasque al cacao de la isla de Fernando Poo”, analizaban este singular proceso migratorio y profundizaban en sus orígenes y causas. De esta historia colonizadora todavía hoy muy poco conocida incluso en nuestra tierra hablamos ahora con Mur.

-PREGUNTA. ¿Cómo se vivió entre los ribagorzanos la aventura en Guinea?.

-RESPUESTA. Fue una historia que tuvo mucha intensidad durante el siglo XX, desde 1900 hasta la independencia, y luego ya regresaron prácticamente todos los emigrantes, ribagorzanos incluidos, y se cerró el grifo. Pasaron unos años en que prácticamente no iba nadie hasta que el descubrimiento del petróleo genera una nuevo flujo migratorio aunque de características totalmente diferentes al anterior y en el que las gentes de aquí ya no tienen ningún protagonismo.

-P. El libro, acompañado por un muy interesante documental, se publicó en 2007 y comenta cómo fue el proceso de emigración de los ribagorzanos a Guinea en esa primera fase que comentas.

-R. Sí. Estamos hablando de 1900 y de un personaje de la montaña, Mariano de Casa Castán, de Chía, que cuando marchó la montó. Salió de un valle que estaba entonces en un proceso de emigración muy fuerte hacia Francia y su ejemplo generó un caldo de cultivo muy importante porque se estaba pasando mucha hambre. Mariano llegó a Africa ayudado por los claretianos y pronto se hizo con unas cuantas hectáreas de cacao, germen de la finca Sampaca. Ya instalado en Guinea, el efecto llamada funcionó perfectamente y poco tardaron en bajar los Mayo, otros familiares de Chía y de otros pueblos del valle y así montar una especie de puente aéreo que funcionó perfectamente hasta la independencia.

-P. ¿Quedaron ribagorzanos en Guinea después de la independencia?.

-R. Muy contados. Cuando bajamos nosotros allí, en el 2005, pudimos estar con alguno de Monzón, nos dijeron que bajaba de vez en cuando alguno de Graus, también estuvo alguno de la parte alta en los años 80… gentes que vieron todavía oportunidad de trabajar y hacer dinero, que no tuvieron miedo de todo lo que había pasado después de la independencia e, incluso, algunos se quedaron pero fueron una minoría, una excepción.

-P. ¿Qué supuso para Ribagorza esa emigración a tierras africanas?.

-R. En principio conllevó una vía de escape y una corriente de aire fresco. Tenemos que pensar que solamente del Valle de Benasque nosotros documentamos la presencia de unos 130 emigrantes, una cifra más que considerable habida cuenta del número de habitantes de la zona. También supuso la entrada de unos ingresos muy importantes para las economías familiares. Cabe recordar que, aparte de los empresarios de Chía, de Graus surgió la empresa Escuder y Galiana y alguna otra más que se llevaron numerosos trabajadores de las localidades del entorno grausino y de la vecina comarca de La Fueva que bajaban allí a construir prácticamente pueblos enteros de nueva planta. La gente lo tenía fácil para bajar a Guinea, porque ya lo hacían con contrato, y para tener unos ingresos que en aquella época no estaban nada mal.

-P. En Asturias, en Cataluña, los indianos enriquecidos dejan constancia de ese enriquecimiento con la construcción de fastuosas casas. ¿Hay algo parecido en Ribagorza?.

-R. Escasamente. Donde lo hay es en Chía con una casa que es muy representativa que es Casa Castán, en la parte alta del pueblo. Pero la verdad es que los emigrantes ribagorzanos no llegaron a ganar tanto dinero como para hacerse casas de indianos; a muchos el dinero obtenido les dio para montarse algún negocio y vivir de él durante unos años y aguantar hasta la jubilación pero no llegaron a la pompa de poderse montar grandes caserones.

-P. ¿Por qué esta experiencia de los emigrantes guineanos es tan poco conocida incluso en Ribagorza?.

-R. Por un lado porque ya hace años que pasó y también porque existió un cierto tabú a hablar del tema: en un valle tan pobre como era por entonces el de Benasque, el que hubiera unos cuantos que habían ganado, relativamente, mucho dinero, no estaba muy bien visto por lo que los emigrantes regresados no podían hacer demasiados alardes de su poder adquisitivo para no despertar envidias y malos rollos. Fue un tema que, para mantener la convivencia, se fue acallando poco a poco y dejó de hablarse de él de una forma natural. Yo nací en el año 1961 y no había escuchado muchas historias sobre esta emigración de mis convecinos hasta que nos pusimos a investigarla.

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