BELÉN LUQUE: «El patrimonio puede significar economía y, en Huesca, aún resulta una asignatura pendiente»

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Por Lola Gª Casanova

El Museo Diocesano de Jaca abrió en 1970. Se cerró en 2003 por graves problemas de humedades y tras una profunda remodelación y con un proyecto museológico moderno bajo el brazo en 2010 recibió una espléndida bienvenida.

Desde esa fecha, Belén Luque, jaquesa, licenciada en Historia del Arte y conservadora de museos, dirige este centro que ofrece una de las más valiosas colecciones de pintura mural medieval, sobre todo, románica de cuantas existen en Europa.

-En la provincia, ¿somos conscientes de la importancia de este museo?

-Creo que no, nos cuesta valorarlo y son los de fuera quienes marcan el camino. A los dos meses de la reapertura en 2010, el periódico `Le Monde´ envió a un reportero y a él le debemos el titular `Una de las colecciones de arte románico más bellas del mundo´.

-Podríamos hablar de un complejo de inferioridad cultural en esta provincia.

-En cierto modo. No apreciamos lo nuestro en su medida precisa. Nuestro patrimonio no tiene nada que envidiar al de otras zonas de España que, no sólo no lo han protegido sino que lo saben vender. No hay que olvidar que el patrimonio puede significar recursos económicos y en este aspecto, debemos hacer pedagogía.

Pero no ocurre sólo con el Museo Diocesano de Jaca, sucede también con el Camino de Santiago, por ejemplo, con personas dispuestas a hacer cientos de kilómetros desde otros países para venir hasta aquí.

-Usted ha dicho que el arte románico está de moda y sin embargo, en la educación se vive un ocaso de las Humanidades y el arte ya no forma parte de la cultura general.

-Realmente curioso porque, en efecto, ese enseñanza académica se ha perdido y sin embargo, el románico atrae profundamente a miles de personas. Existen muchas asociaciones de amigos del arte románico, sin embargo, no ocurre con ningún otro estilo artístico.

-¿Cómo le ha afectado la pandemia?

-Recibíamos una media de 30 mil visitas presenciales al año. En 2020 se desplomaron un 60%. De cara al futuro veo muy complicado recuperar estas cifras, mas cuando en primavera y otoño nos nutríamos de visitas programadas.

Por otra parte, la pandemia nos ha obligado a trabajar en visitas virtuales y actividades online.

Al hilo de este hecho, los museos han dejado atrás el concepto de museo-almacén. Ahora nuestra obligación es convertirnos en centro dinamizadores de cultura y diversificar las actividades. Se trata de captar a esa persona que- a priori- está poco interesada en el museo, atraerla para que lo conozca y lo visite. Porque el experto y el aficionado vendrá solo.

-Los museos en la provincia ¿trabajan coordinados?

-Antes de la pandemia habíamos iniciado conversaciones con los otros dos museos diocesanos, Huesca y Barbastro-Monzón para actividades conjuntas, pero hubo que posponerlas. Compartimos una relación fluida. Desde aquí existen vínculos con el museo de la Ciudadela de Jaca y los de Serrablo. Todos los museos aportan y se debe tender a las sinergias y a la unión, aunque a veces, el día a día, lo complique.

-¿Cómo ha vivido las polémicas sobre el regreso de los bienes a Barbastro-Monzón y Sigena?

-Con satisfacción por lo que supone recuperar patrimonio y, a la vez, con pesadumbre por haber sido politizado. Ahora Barbastro y Sigena recibirán mucha atención y yo me pregunto: ¿qué se va a hacer para que este interés no sea pasajero? Los propietarios y custodios del patrimonio deben dinamizarlo, intentar sacar rendimiento económico y mantenerlo. No debemos obviar que conservar implica mucho dinero.

 

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