Laura Voskian: “La fotografía es mi vía de escape, el lugar donde conecto cuando no estoy en mi rutina”

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La fotógrafa argentina ha sido una de las seleccionadas en la convocatoria de Emergentes de la IX edición de BFOTO. Su exposición ‘En el momento exacto o muy cerca de lo que se indica como final’ se expone hasta el 18 de septiembre en la Sala 2 de El Moliné.

 -‘En el momento exacto o muy cerca de lo que se indica como final’ es el título de tu exposición, ¿por qué has elegido este título? 

-Cuando pongo títulos, intento que sean parte de la obra, estén en la misma sintonía. Di bastantes vueltas y encontré una definición que me interesaba mucho, que trabajaba mucho con cosas que estaban en las imágenes, ‘bastante cerca de la definición de filo’, pero le añadí un pedacito que no estaba. Me parecía que no era algo tan exacto y quería que tuviese esa impronta, trabajo con versos en el vacío y este, para mí, es una paradoja, está siempre entre el vacío y el lleno, es algo no del todo concreto y no me parecía que ninguna definición pudiese ser tan exacta para poder cerrar la idea. 

-¿Por qué decides abordar el concepto del vacío? 

-Mis proyectos personales van tirando de un hilo, pero se van mezclando con cosas que van pasando en mi vida. Yo estudié fotografía, escenografía y dejé una carrera a medias, que es escultura. La idea de trabajar la materia siempre me ha quedado a medio camino, es algo que quiero seguir haciendo e investigando, pero no lo formalicé. Cuando terminé mi proyecto anterior, me daba cuenta de que la última búsqueda fotográfica que estaba haciendo estaba muy relacionada a algo bastante solitario, contemplativo, abstracto en muchos casos. 

Y la idea, la palabra ‘vacío’, como sensación física, estaba constantemente presente. Era unir las dos partes. 

Es un trabajo que igual llevo haciendo cuatro años y, para mí, en cierto modo, no está cerrado porque quiero seguir trabajando justamente en el ámbito de la escultura. Pero, dentro de lo fotográfico, sí que hice un camino versando sobre esta sensación física que también acompaña un poco a la vida cotidiana. Los últimos años han sido raros y vivir lejos fuera de casa también hace que ese vacío exista. 

-Bajo tu perspectiva, ¿en qué conectan dos disciplinas como la escultura y la fotografía? 

-También estudié escenografía teatral, con lo cual, había una impronta con la luz que construía muchísimo el espacio y que era inevitable que estuviese presente. Y creo que el punto de la escultura está dado por esa misma ambigüedad. La escultura ‘per se’ no sé si me interesa; me gusta pensar en qué provoca la escultura ante un espectador. Allí hay una parte como escénica que solamente puede estar dada en cuanto haya alguien que lo vea. 

En el teatro pasa algo así: sin público, no es nada. Puede haber muchos ensayos, pero la realidad es que el momento en que el teatro se vuelve efectivo es cuando hay una función. Y hay algo de esa parte de la escenografía o de lo teatral que a mí me interesa, que es que se termina de dar cuando hay un espectador que interpela la obra. 

-También has trabajado la pintura. En el plano artístico, ¿qué ventajas proporciona dominar tantas áreas? 

-Mucha gente podría decir que el que mucho abarca, poco aprieta. Pero para mi práctica artística creo que es sumamente funcional porque enriquece muchísimo todas las áreas. La pintura es algo que abordé mucho más tarde, la domino, pero no es algo que todavía pueda pensar en trabajar como obra. Es algo que disfruto mucho y me doy cuenta de que el hecho de tener una formación en fotografía me ayuda muchísimo en el momento de trabajar el color. Al final, creo que hago un poco una reunión de todas las áreas. De hecho, soy diseñadora gráfica e intento incorporar, en cierto modo, el diseño gráfico no solamente como diseño, sino como obra. 

-La fotografía, ¿qué espacio ocupa en ese universo? 

-Es peculiar, porque la fotografía, al final, siempre fue una herramienta que usé de una forma muy intuitiva y muy para mí. Comercialmente he hecho encargos y los sigo haciendo, pero diría que no es mi punto fuerte, no es lo que más me gusta realizar. Al fin y al cabo, es como mi vía de escape, el lugar donde conecto cuando no estoy en mi rutina, me refiero como trabajo. 

-¿Cuál es tu primer recuerdo con una cámara en la mano? 

-Muy chiquita. Mi papá fue fotógrafo ‘amateur’ toda la vida y heredé sus cámaras, con lo cual, a los 9 años ya tenía una y la usaba para irme de viaje con mis amigos, iba a campamentos escolares y estaba siempre con una cámara encima. No podría decir cuál fue mi primera foto, pero tengo escaneados todos mis negativos de esa época. Estuvo desde muy temprano. 

-Eres de Buenos Aires, pero resides en Madrid, ¿qué te llevó a dar ese salto? 

-Inicialmente, viajé a Madrid a hacer un máster en fotografía. Estaba en una relación y habíamos decidido viajar a otro lugar. La limitación estaba dada por el idioma, porque yo sí hablo inglés, pero mi pareja en ese momento no lo hacía. Fue un poco evaluar qué opciones tenía para seguir formándome que realmente me estimularan y la decisión fue Madrid. Lo que pasa es que Madrid te atrapa y, finalmente, me quedé, hice todo lo que pude para seguir quedándome. 

-Por cierto, ¿cómo conociste BFOTO? 

-No estoy segura de cuál fue el primer contacto que tuve. Yo creo que lo conocí cuando estaba estudiando, en 2016 o 2017. Supongo que fue al conversar con otros colegas, que te vayan nombrando festivales o lugares… es cierto que una compañera estuvo acá y sí que le consulté para preguntarle qué tal había ido todo. Habló muy bien del festival, con lo cual, me dio bastante tranquilidad y felicidad haber estado seleccionada. 

-¿Y cómo ha sido la experiencia? 

Maravillosa. El festival fue fantástico desde el principio. Desde la organización ya antes de venir, al llegar, el montaje, la gente muy cálida… ha sido fantástico. Es una experiencia que realmente recomiendo porque yo me lo pasé super bien. 

-¿Cuál crees que es el punto fuerte de este festival frente a otras citas de la fotografía? 

-Creo que la calidad humana, el encuentro. Hubo muchos eventos diferentes, no solamente exposiciones y, en todos los casos, estábamos todos presentes. Eso es algo muy valorable, nunca hubo algo que quedó vacío. Tener una hibridación entre literatura, fotografía, encontrarnos con exposiciones, conciertos… 

-Por último, ¿cuáles son las exposiciones del resto de participantes que más te han gustado? 

-Hay más de una que recomendaría ver, pero las que más me convocan se alejan un poco de lo documental fotográfico al uso. Me interesan no solo como proyectos, sino también por cómo se llevaron a cabo, la de Cristóbal Ascencio, que me parece super fuerte y poderosa su historia, muy bien representada y el montaje también me pareció muy fino. Su obra es muy potente. Y la de Yujie Zhou que, si bien, el lugar donde estaba igual no era el que mejor podía hacer justicia a su proyecto, me gustó mucho el clima intimista que había generado, la representación de cuatro generaciones… hay algo en su forma de mostrar y mezclar cosas tan contemporáneas como los ‘selfies’ de unas videollamadas de estas cuatro generaciones de mujeres, siempre versando sobre la feminidad. Me pareció muy atractiva. 

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