Sensaciones encontradas de resignación y malestar en la Alta Ribagorza ante el nuevo corte de la N-260

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El tramo de la carretera N-260 entre Campo y la boca del túnel del Ventamillo, junto a Seira, que se encuentra en obras de acondicionamiento en los últimos meses, ha vuelto a cerrarse totalmente al tráfico rodado este lunes 18 para poder avanzar en los trabajos en curso que requieren la utilización de maquinaria pesada en zonas en las que la estrechez de la plataforma viaria hace imposible garantizar la circulación de vehículos con un mínimo de fluidez. Además, la propia dinámica de los trabajos que se pretenden llevar a cabo en las próximas semanas genera un evidente peligro de desprendimientos y otros efectos secundarios que hacen muy peligrosa la utilización de la vía.
El corte total de la carretera, que se prolongará hasta el 2 de diciembre, les fue comunicado a los alcaldes y agentes sociales de los municipios afectados en una reunión celebrada recientemente en Campo, en la que los responsables de Fomento y de la empresa responsable de las obras analizaron con ellos el desarrollo y características técnicas de los trabajos en curso y se reafirmaron en el calendario previsto para la actuación, que prevé la finalización total de las obras para mediados de 2023.
«Como en todas las situaciones, siempre hay división de opiniones, es algo inevitable; hay gente que protesta por el cierre de la carretera y hay gente que comprende que si no se cierra no se puede adelantar en los trabajos en curso», constata el alcalde de Benasque, José Ignacio Abadías, apuntando que, en su opinión, afrontando ahora la segunda parte del mes de octubre y el mes de noviembre, se minimiza el impacto del cierre de la vía sobre la economía de la zona ya que ésta es una época de baja temporada turística. «Si hay que hacer el esfuerzo, es un buen momento porque también nos interesa que los trabajos en la carretera avancen lo máximo posible y hemos de ser conscientes de que, en según qué tramos como las zonas de embocadura de los túneles o en la de los anclajes para las viseras, no se pueden hacer las obras con la vía abierta», reflexiona puntualizando que se trata de su opinión personal y consciente de que cada ciudadano tiene una idea al respecto motivada por la repercusión y los inconvenientes que este cierre tienen sobre su vida cotidiana.
Menos resignado, y más enfadado, se muestra su colega de Castejón de Sos, José Manuel Abad, quien no duda en confesar que es muy «crítico» con la manera en que se están llevando las obras y en la que se está informando en tiempo y forma a los ciudadanos sobre sus repercusiones. En este sentido, entiende que si se sabe que se va a cortar la carretera por necesidades técnicas «se debería avisar con suficiente antelación» para que los afectados puedan plantearse alternativas a la situación o estudiar la manera de minimizar los múltiples inconvenientes a la vida cotidiana «en todos los aspectos» que el cierre lleva aparejados.
También se muestra «radicalmente en contra» de que los cierres se prolonguen durante prácticamente cinco meses al año, algo que considera «inadmisible» y que, sostiene, «sería impensable en cualquier otro sitio». «Soy muy comprensivo con la dificultad de las obras, pero ya se sabía cuando se licitó el proyecto cuales eran las características geológicas y éstas no son las más complicadas en que se ha hecho una carretera en España y no por eso en otras partes han tenido que sufrir unos cortes tan prolongados y frecuentes», se queja Abad para quien este trato no es más que una demostración del «escaso» peso demográfico de la zona «que ofrece pocos votos y se ve recompensada por eso con un ninguneo que sería inadmisible en otras latitudes».
Recalca el alcalde castejonense que estos cortes suponen una «absoluta» alteración en la vida cotidiana y que lo saben de primera mano quienes tienen que condicionar su vida a las horas en que les permiten subir y bajar por la carretera, aquellos que tienen que alquilar una vivienda fuera porque no pueden compaginar los horarios con sus responsabilidades laborales o familiares, los visitantes del territorio «y, en suma, todos los ciudadanos que directa o indirectamente ven alterada su vida». Por ello, reconoce tener la sensación de que todo vale con la excusa de sacar adelante la obra -«y todo no debería valer»- y reclama que, al menos, se aproveche el corte para adelantar al máximo los trabajos en las zonas más conflictivas con turnos ininterrumpidos y actividad durante el fin de semana. «Ya veremos si se cumple esta exigencia, pero debería ser una contraprestación innegociable por el sacrificio que realizamos los vecinos».
La necesidad de rentabilizar este corte es también una de las demandas que se hace desde la Asociación Turística Empresarial Valle de Benasque, Atevb, cuyo presidente, José María Ciria, reconoce que los sucesivos cierres de la vía «van minando» el ánimo de los ciudadanos. Señala Ciria que estos cortes «nunca son buenos, no es ninguna broma cerrar una carretera» pero comprende que pueden ser «necesarios». «Hay obras en determinados puntos –explica- que exigen imperiosamente el corte de la vía, pero pedimos que esos cortes sean los menos posibles y que se hagan en ellos la mayor cantidad de trabajo para que no se vuelvan a tener que repetir».
Comenta Ciria la presentación «exhaustiva» sobre el estado de las obras que les ofrecieron a los representantes políticos y económicos del territorio en una reciente reunión en Campo «en la que nos demostraron que actuaciones como la de los voladizos o la boca del túnel son imposibles de realizar sin el corte de la carretera», pero recalca el «esfuerzo y cansancio» que conllevan estos cortes para la población que los padece. Tampoco es desdeñable la repercusión económica, aunque este corte llega en un momento en que varios establecimientos hoteleros han aprovechado para echar el cierre tras el puente del Pilar y afrontar así los trabajos de preparación de cara a la próxima temporada invernal, cuyo inicio coincidirá con la reapertura de este tramo de la N 260 entre Campo y Seira. No obstante, otros muchos mantienen sus puertas abiertas y en el calendario festivo más inminente figura el puente de Todos los Santos en que se espera que el corte de la carretera por el Ésera no desanime a los visitantes de la zona.
«La parte positiva es que la empresa dice que está en tiempo sobre el programa previsto y que, en principio, la carretera puede estar acabada en 2023», señala comentando que también es «muy positiva» la reapertura de la carretera de Espés tras una profunda reforma que ha realizado en los dos últimos años la Diputación de Huesca «que está permitiendo ya acortar sensiblemente en tiempo y mejorando en seguridad el acceso al Valle de Benasque por el Eje del Isábena».
Esta carretera está cerrada al tráfico pesado ya que sus características hacen inviable el paso de vehículos de gran tonelaje. Por ello, a los camiones no les sigue quedando más remedio que enlazar desde el tramo de la N 260 entre Castejón de Sos y Bonansa con el inicio de la A-1605 para bajar hacia Graus, Barbastro y Huesca o conectar con la N 230 en dirección hacia Lérida. Las compañías de transporte y las empresas que, como la embotelladora Veri, operan en la zona han reconocido en repetidas ocasiones los sobrecostes del cierre carretero, pero en las últimas semanas han tenido prácticamente imposible circular desde Seira hasta Campo aún con la vía abierta porque los trabajos en curso llevaban aparejado un estrechamiento de la calzada en varios tramos que hacía muy complicado el paso de grandes vehículos.

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