Los vecinos e interesados en la historia de Fonz van a poder consultar una de las fuentes documentales más precisas para tener una radiografía de cómo era la villa en la época del Renacimiento. Se trata del Libro de las Centenas, un catastro que recoge las propiedades que tenían los vecinos en 1569. El Ayuntamiento de Fonz, con ayuda de la Diputación Provincial de Huesca, lo ha restaurado y lo ha digitalizado para su libre acceso por cualquier persona. El volumen digitalizado estará accesible desde la página web municipal www.fonz.e La restauración ha corrido a cargo de la restauradora oscense Pabla Pueyo, que próximamente lo dará a conocer el 3 de diciembre en una conferencia a las 18.00 en el Espazio Cultural L’Urmo, junto al historiador Josep Manuel Matínez Marín autor del libro Historia de Fonz.

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La restauración era una asignatura pendiente para el alcalde Toño Ferrer que quería “recuperar y dar valor” a una de las joyas bibliográficas que conserva el archivo del Ayuntamiento y que se encontraba muy deteriorado. “El Libro de las Centenas describe el patrimonio agrario de la localidad, como si fuera el libro del catastro. Aparecen todos los vecinos del pueblo en las primeras páginas y en las siguientes el patrimonio de sus casas. Llevábamos mucho tiempo queriendo recupéralo y por fin se han dado las circunstancias económicas y hemos encontrado a la profesional adecuada”, señala el alcalde.   

El nombre de las centenas hace alusión a la unidad de medida, que toma como base el número cien. Y el volumen es el más antiguo de los libros de actas que se conservan en el archivo. Su restauración supone un “paso más en la defensa de nuestra historia y cultura”, como explica la concejal María Clusa.

Entre las curiosidades del volumen, que ha sido de gran ayuda para la publicación de un libro sobre la historia de Fonz, se pueden encontrar apellidos y partidas que todavía conserva la villa.

El libro de 192 páginas originales de papel de pasta de trapos, de gran grosor y con filigrana con un curioso dibujo con forma de reacimo. Está escrito a mano, con una bella caligrafía, a dos tintas, roja y negra. Precisamente el uso de la tinta negra, de tipo ferrogálica con el tiempo ha ido corrompiendo el papel. “Era el mayor daño que presentaba este libro por lo que se le ha hecho un tratamiento de estabilización para que la tinta negra se conserve mejor en el tiempo”, explica la restauradora, que destaca del volumen las letras capitulares miniadas, así como sus ilustraciones de temática faunística (pájaro, ocas, zorros, serpientes o dragones…) en las páginas. Las tapas son de lomo de pergamino coloreado con pigmento verde donde aparece el título de libro, y están forradas por dos hojas de papel marmoleado hecho a mano. Tras la restauración se ha descubierto que las guardas son de papel timbrado del Ayuntamiento donde aparece la fecha de 1845. “Llama mucho la atención la calidad estética del libro, por todos sus dibujos y por la espectacular portada ilustrada. Este libro está realizado con técnicas utilizadas para los códices, con un ductus muy pausado a la hora de escribir el texto, las primeras letras de cada párrafo están miniadas con tinta roja de plomo. El libro presentaba varias encuadernaciones, ninguna de ellas original; probablemente la original sería con tapas de madera y nervios de piel, y forrada con piel marrón o negra. Es un libro que bien podría haber sido elaborado en talleres copistas”, explica la restauradora.

Además de las encuadernaciones posteriores al libro, otro de los deterioros que presentaba era una gran mancha de naturaleza oleosa que figuraba en algunas páginas. Para su restauración se ha sometido a procedimientos de limpieza físico químicos y consolidación con papel japonés.

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