El fin de una era

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COLABORACIÓN || Arturo Villalta

Si pensamos en pueblos del Somontano, seguramente Alquézar sea uno de los primeros que se nos vengan a la cabeza. De hecho, su aparición en la lista de “bonitos de España” no hizo más que confirmar su relevancia como destino turístico. Muchos son los visitantes que cada año se acercan a conocer esta villa medieval y, ¿por qué no?, a darse también un homenaje yendo a comer a mesa puesta.

 

Dicho y hecho. Y para dar respuesta a esta realidad, restaurantes como Casa Gervasio encontraron aquí la gran oportunidad de ganarse la vida sin tener que decir adiós a su tierra natal. No fue hasta el diciembre pasado, casi 40 años después de su inauguración, que esta institución del buen comer anunció el cierre del establecimiento.

La noticia se leyó de dos maneras a mi entender. Por un lado, desde el orgullo de haber llenado listas de reserva con comensales de todo el mundo; pero por el otro, desde la inevitable pérdida que arrastran los puntos finales.

En este sentido, quizás el caso de Casa Gervasio llama más la atención por todo lo que representa. Además, es curioso que la sensación del paso del tiempo se vea tan clara cuando toca a algo relacionado con la comida, o al recuerdo que tenemos de ella. De esto hay ejemplos universales. Sin ir más lejos en la película “Ratatouille” cuando uno de los personajes prueba un plato que le transporta a la infancia.

Pero es que la misma Casa Gervasio se hizo viral por algo parecido. Me refiero a aquella vez que se quejaron de las copiosas cantidades del menú infantil, y el dueño contestó con toda la calma aquello de: “Yo cuando tenía 15 años ya me comía medio conejo pa almorzar”. Es esa autenticidad, tanto en la cocina como en lo humano, lo que más se echará de menos.

Podríamos decir que el cierre de Casa Gervasio es el fin de una era, la de los pucheros del siglo XX. Ahora bien, personalmente prefiero celebrarlo en la memoria y disfrutar en el presente de las nuevas propuestas gastronómicas, porque serán estas las que el día de mañana se conviertan en el próximo templo de la tradición.

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